REFLEXIÓN
¿Por qué seguimos tropezando con la misma piedra?
5 razones por las que sigues tropezando con la misma piedra (y ninguna es culpa de la piedra)
1. Porque confundimos repetición con aprendizaje. Creemos que solo por haber sufrido una noche de resaca, borrachera o desamor ya "aprendimos la lección". Pero aprender no es recordar el dolor, es cambiar el comportamiento. Y cambiar duele más que la piedra. Así que elegimos la piedra.
2. Porque el olvido es un mecanismo de supervivencia. El cerebro borra lo malo con una eficiencia pasmosa. El lunes juras "nunca más". El viernes ya estás pensando "bueno, igual esta vez sí". El sábado estás otra vez tropezando con el mismo bordillo, con la misma gente, en el mismo bar, pidiendo la misma copa que te hizo daño la semana pasada. La resaca se olvida. La vergüenza también. El patrón, no.
3. Porque la piedra está bien puesta. No es casualidad. Los bares, las apps de citas, los rituales de fin de semana, las frases hechas ("ya te escribo", "te llamo", "esta noche sí me voy temprano") están diseñados para que tropieces. La piedra no es un error, es el suelo. Y nosotros caminamos mirando el móvil.
4. Porque el ritual da consuelo, aunque sea malo. Lo sabemos: ese sábado noche será más o menos decepcionante, más o menos caro, más o menos vacío. Pero es nuestro sábado noche. Cambiarlo exigiría preguntarse cosas incómodas: ¿realmente me gusta esto? ¿Estoy aquí por gusto o por costumbre? ¿Y si me quedo en casa leyendo un libro? Ese pensamiento asusta más que la piedra.
5. Porque el falso optimismo es más fuerte que la evidencia. "Esta vez será diferente." Es la frase más mentirosa y más humana. El chico que no te escribió la semana pasada... igual esta vez sí. La discusión con tu pareja... igual esta vez se soluciona hablando. El sábado noche... igual esta vez sí conecto con alguien de verdad. Spoiler: no. Pero lo intentamos. Porque si dejáramos de intentarlo, tendríamos que aceptar que la piedra no es un accidente, sino nuestra forma de caminar.
En resumen: pisamos la misma piedra porque es más fácil tropezar que cambiar de acera. Porque la piedra es predecible. Porque el dolor del tropiezo dura un segundo, pero el vértigo del cambio dura toda la noche del sábado en la que no sabes qué hacer con tus manos si no tienes un vaso.
2. Porque el olvido es un mecanismo de supervivencia. El cerebro borra lo malo con una eficiencia pasmosa. El lunes juras "nunca más". El viernes ya estás pensando "bueno, igual esta vez sí". El sábado estás otra vez tropezando con el mismo bordillo, con la misma gente, en el mismo bar, pidiendo la misma copa que te hizo daño la semana pasada. La resaca se olvida. La vergüenza también. El patrón, no.
3. Porque la piedra está bien puesta. No es casualidad. Los bares, las apps de citas, los rituales de fin de semana, las frases hechas ("ya te escribo", "te llamo", "esta noche sí me voy temprano") están diseñados para que tropieces. La piedra no es un error, es el suelo. Y nosotros caminamos mirando el móvil.
4. Porque el ritual da consuelo, aunque sea malo. Lo sabemos: ese sábado noche será más o menos decepcionante, más o menos caro, más o menos vacío. Pero es nuestro sábado noche. Cambiarlo exigiría preguntarse cosas incómodas: ¿realmente me gusta esto? ¿Estoy aquí por gusto o por costumbre? ¿Y si me quedo en casa leyendo un libro? Ese pensamiento asusta más que la piedra.
5. Porque el falso optimismo es más fuerte que la evidencia. "Esta vez será diferente." Es la frase más mentirosa y más humana. El chico que no te escribió la semana pasada... igual esta vez sí. La discusión con tu pareja... igual esta vez se soluciona hablando. El sábado noche... igual esta vez sí conecto con alguien de verdad. Spoiler: no. Pero lo intentamos. Porque si dejáramos de intentarlo, tendríamos que aceptar que la piedra no es un accidente, sino nuestra forma de caminar.
En resumen: pisamos la misma piedra porque es más fácil tropezar que cambiar de acera. Porque la piedra es predecible. Porque el dolor del tropiezo dura un segundo, pero el vértigo del cambio dura toda la noche del sábado en la que no sabes qué hacer con tus manos si no tienes un vaso.
“Somos animales de costumbre disfrazados de buscadores de emociones.”
Y la costumbre, aunque duela, no asusta. Lo nuevo, sí.

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