PLANETA UNIVERSAL BALEARES · CRÓNICA URBANA
Crónica Nocturna
Crónica de una madrugada líquida: nadie baila, todos graban
1:17 AM. El termómetro marca 14 grados, pero el frío no compite con la gélida indiferencia con la que la chica del abrigo Zara le dice "ya te escribo" al chico de la barba de tres días. Él asiente, sabiendo que ese mensaje nunca llegará. Es sábado noche. El decorado es siempre el mismo: aceras manchadas de chicles pisoteados, vapeadores junto a latas de Monster y algún alma en gravedad cero apoyada en un contenedor mientras su amiga le sujeta el pelo con la mano que aún sostiene un gin-tonic sin hielo. Dentro del tercer local de la noche (el primero era "muy caro", el segundo "estaba lleno de gente rara"), los grupos ya están divididos: los que han tenido su primera discusión (él mira el móvil, ella mira a él mirando el móvil), los que fingen divertirse con risas demasiado altas y fotos al vaso, y los que están en modo caza, con miradas que recorren la sala como escáner de supermercado. Un chico de camisa ajustada se acerca con la frase "¿Os invito a un chupito?". Nadie pregunta por qué. Es el libreto: él ofrece, ellas sonríen la sonrisa de cortesía ensayada desde los 15, y 90 segundos después él se irá a comentar "estaban buenas" y ellas a decir "qué pesado".
Lo más fascinante ocurre en la pista, ese espacio que antiguamente se usaba para bailar y ahora se usa para grabarse bailando. Nadie disfruta, todos parecen disfrutar para que quede constancia en Instagram. A las 2:40, la cola del baño de mujeres es un confesionario donde se juran infidelidades y se promete "no volver a beber nunca más" con la misma solemnidad con que un político jura su cargo. En la cola de hombres se intercambian tres palabras: "¿hay papel?". A las 3:45 empieza la diáspora: alguien llora porque ha perdido a sus amigos, alguien discute con el portero, alguien pide un kebab con la mirada perdida de quien acaba de gastar 60 euros en seis cubatas. Los primeros taxis se llenan de cuerpos que ya no pueden con su equilibrio, los segundos de parejas que se conocieron hace 20 minutos y ya se besan como si llevaran 20 años. Y en algún rincón, el chico de la barba de tres días revisa su teléfono. Ella no ha escrito. Ella nunca escribe. Mañana domingo, resaca. El lunes, arrepentimiento. El próximo sábado, otra vez. Siempre otra vez.

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