Nota PLU: El 23 de febrero de 1981 quedó grabado en la memoria colectiva de España como uno de los momentos más delicados de su historia democrática reciente. Entre la dimisión de Adolofo Suárez y el intento de golpe de Estado del 23-F, el país vivió horas de incertidumbre, miedo y responsabilidad institucional. Este texto recupera, desde la vivencia directa y el testimonio personal del editor de PLU, Víctor Gistau, aquellos días decisivos que marcaron el rumbo de la democracia y del autogobierno en las Islas Baleares.
23 de Febrero de 1.981
45 años de infausto recuerdo
© Víctor Gistau
26 días antes del intento del Golpe de Estado que por unas horas mantuvo a la población española menzanclando el miedo con la incertidumbre del que “y ahora que va a pasar”, el Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez en un mensaje televisado a la nación hizo pública su dimisión irrevocable como presidente de su partido Unión de Centro Democrático y del Gobierno de la Nación.
Su mensaje transmitido por Televisión Española, apenas duró 1 minuto y 36 segundos y esta fue su alocución:
“Buenas noches, señoras y señores. Hay momentos de la vida de todo hombre en el que se asume el sentido de la responsabilidad. Yo creo haberla asumido dignamente durante los cinco años en que he sido Presidente del Gobierno, sin embargo, la responsabilidad que siento hoy me parece infinitamente mayor. Hoy tengo la responsabilidad de explicarles desde la legitimidad con que me invistieron Presidente Constitucional, las razones por las cuales presento irrevocablemente mi dimisión como Presidente del Gobierno y la Presidencia de la Unión de Cerntro Democrático. No es una decisión fácil pero hay encrucijadas tanto en nuestra vida personal como las historias de los pueblos en las que unos debe preguntarse serena y objetivamente si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él. He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia. Me voy pues sin que nadie me lo haya pedido desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, y me voy con el convencimiento de que este comportamiento por poco pueda parecer a primera vista es el que mi patria me exige en este momento.”
Pues lo dicho, 26 días después ocurrió el intento fallido del golpe militar liderado por el Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, quien irrumpió con 200 guardias civiles en el Congreso de los Diputados durante la votación para investir Presidente a Leopoldo Calvo -Sotelo, Vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez.
Era algo más de las seis de la tarde cuando tricornio en ristre y la pistola desenfundada el Guardia Civil interrumpió la sesión al grito que ordenaba que todos los diputados se tiraran al suelo y por si no lo fueran lo suficiente expeditos, exclamó indignado: “¡Al suelo, coño!, permaneciendo en su escaño como si no lo hubieran escuchado el propio Adolfo Suárez, su Ministro del Ejército General Manuel Gutierrez Mellado y Santiago Carrillo.
Del resto se ha dado debida cuenta a medios de comunicación y aquí no es necesario repetir, porque la hemeroteca echa humo respecto al tema.
En el Consolat de Mar se estaba celebrando una reunión del Consejo Ejecutivo del Consell General Interinsular, órgano pre autonómico encargado de conducir a buen puerto el Estatuto de Autonomía que le daría carta de naturaleza a la máxima Institución de autogobierno de nuestra Comunidad Autónoma.
De repente, el Jefe de Prensa de la institución, Andreu Manresa, entró desencajado en mi despacho con un transistor en la mano, anunciando que la radio había anunciado un golpe de Estado en Madrid. Inmediatamente acudí al Salón en donde se estaba llevando a cabo la reunión y le comuniqué al Presidente las noticias que estaban saliendo por la radio.
Ahí se levantó la reunión y Jeroni Albertí entró en su despacho para seguir con Andreu Manresa los aconteceres del momento. Los Consellers fueron marchando del Consolat y nos quedamos solos con el Presidente, dos miembros de seguridad, Albert Candela, Andreu Manresa y yo mismo.
Jeroni Albertí quiso hablar con el Capitan General de Baleares, Manuel de la Torre Pascual, y el ayudante del General le dijo que el Capitan General está muy tranquilo cenando en capitanía y que en cuanto terminara, le llamaría.
Transcurridas dos horas le devolvió la llamada y le dijo que no hicieran nada y esperara nuevas ordenes.
Ahí si se acabó cualquier conversación que no fuera directamente con La Zarzuela, en donde se hallaba El General Don Nicolás Cotoner y Cotoner, Marqués de Mondéjar, por aquel entonces desempeñando el cargo de Jefe de la Casa Real Española.
“Al dirigirme a todos los españoles con brevedad y concisión en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo…”
Dos muestras de valentía que debería estudiarse en esos manuales a que se refiere la Memoria Democrática y que es silenciado hasta su extenuación.
Felizmente hoy nuestras Islas Baleares cuentan con un Estatuto que se presentó en el Congreso de Diputados el 17 de febrero de 1982 y publicado en el Boletín Oficial del Estado el día 28 de febrero del mismo año. Al día siguiente, 1 de Marzo se conmemora cada año y desde entonces el Día de les Illes Balears.






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