Baleares se aproxima a una cifra que hasta hace pocos años habría parecido extraordinaria: 50 millones de pasajeros anuales atravesando sus aeropuertos.
El nuevo Documento de Regulación Aeroportuaria 2027-2031, DORA III, aprobado por el Consejo de Ministros, contempla una inversión de 1.030 millones de euros en las infraestructuras aeroportuarias de Baleares durante los próximos cinco años.
Las inversiones forman parte del nuevo ciclo de planificación aeroportuaria y llegan acompañadas de unas previsiones que dibujan un nuevo incremento del tráfico aéreo en las islas.
| AEROPUERTO | INVERSIÓN 2027-2031 |
| Palma de Mallorca | 621,6 M€ |
| Ibiza | 229,7 M€ |
| Menorca | 170,7 M€ |
| Son Bonet | 7,9 M€ |
El aeropuerto de Palma concentra alrededor del 60 % de toda la inversión prevista en Baleares, con 621,6 millones de euros.
Ibiza recibirá 229,7 millones y Menorca 170,7 millones, mientras que 7,9 millones se destinarán a Son Bonet, dedicado fundamentalmente a aviación general, deportiva y escuelas de vuelo.
Las previsiones de tráfico asociadas al nuevo periodo regulatorio permiten comprender la magnitud del escenario que se plantea para las islas.
En Palma, la previsión pasa de 34,27 millones de pasajeros en 2027 a 35,67 millones en 2031.
En Ibiza, el tráfico previsto aumentaría desde 9,17 millones hasta 9,72 millones, mientras que Menorca pasaría de 4,28 a 4,45 millones.
Sumados los tres grandes aeropuertos, Baleares pasaría de los 47,72 millones de pasajeros previstos para 2027 a 49,84 millones en 2031.
Son aproximadamente 2,12 millones de pasajeros anuales adicionales en cuatro años.
El DORA III no afecta únicamente a Baleares. El nuevo ciclo inversor contempla actuaciones en toda la red aeroportuaria española relacionadas con capacidad, seguridad, mantenimiento, calidad de servicio y adaptación tecnológica.
En las islas, el debate adquiere una dimensión especial porque los aeropuertos constituyen infraestructuras esenciales para la conectividad de los residentes y, simultáneamente, son la principal puerta de entrada del turismo internacional.
El caso de Ibiza ilustra esa dependencia: según Aena, alrededor del 95 % de las personas que entran o salen de Ibiza y Formentera utilizan su aeropuerto.
Las previsiones han reactivado inmediatamente el debate político sobre el crecimiento aeroportuario y la capacidad de Baleares para absorber un volumen cada vez mayor de pasajeros.
La presidenta del Govern, Marga Prohens, ha expresado públicamente su preocupación por la previsión de aproximarse a los 50 millones de pasajeros y ha vuelto a reclamar una mayor participación de las instituciones baleares en la gestión aeroportuaria.
También MÉS per Mallorca ha rechazado el escenario de crecimiento. Su diputado en el Congreso, Vicenç Vidal, sostiene que las inversiones no deberían utilizarse para aumentar la capacidad de los aeropuertos y relaciona el crecimiento con problemas como la presión sobre el territorio, la vivienda y la movilidad.
Estas posiciones forman parte de un debate político más amplio sobre el modelo turístico y aeroportuario de Baleares: hasta qué punto las inversiones deben responder al crecimiento previsto de la demanda y hasta qué punto las propias infraestructuras deben utilizarse como instrumento para contenerla.
El reparto de inversiones también ha abierto un frente específico en Menorca.
Aunque el aeropuerto menorquín recibirá 170,7 millones de euros, el plan no contempla la construcción de una nueva torre de control, una infraestructura reclamada desde hace años por sindicatos y diferentes fuerzas políticas.
Las actuaciones previstas se concentran, entre otros ámbitos, en seguridad, tecnología, control fronterizo, adaptación de espacios para vuelos fuera del área Schengen, puertas de embarque y mejoras del campo de vuelo.
Hablar de casi 50 millones de pasajeros no significa necesariamente hablar de 50 millones de turistas diferentes. Las estadísticas aeroportuarias contabilizan pasajeros en los movimientos de llegada y salida y también incluyen a residentes y otros viajeros.
Pero la cifra permite medir la enorme dimensión que ha alcanzado la movilidad aérea en un archipiélago con una población residente muy inferior.
Cada incremento del tráfico aeroportuario interactúa con una red territorial limitada: carreteras, transporte público, alojamiento, recursos, servicios e infraestructuras que deben absorber simultáneamente las necesidades de residentes y visitantes.
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