La Luna puede parecernos un mundo inmóvil, prácticamente congelado desde hace millones de años. Pero su superficie continúa cambiando.
La NASA ha anunciado el descubrimiento de un enorme cráter producido por el impacto de un asteroide o cometa contra la superficie lunar en 2024. El cráter mide aproximadamente 222 metros de diámetro y alcanza hasta 43 metros de profundidad.
El nuevo cráter ha recibido oficialmente el nombre de McGetchin, en homenaje al científico lunar Thomas McGetchin.
Los investigadores han podido acotar con notable precisión cuándo ocurrió la colisión. El objeto impactó contra la Luna en algún momento entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024.
NASA estima que pudo tratarse de un fragmento de asteroide o cometa con dimensiones comparables a las de un edificio de entre tres y seis plantas.
En la Tierra, un objeto de estas características tendría que atravesar nuestra atmósfera. La Luna carece prácticamente de ella, por lo que las rocas espaciales pueden alcanzar directamente su superficie a enormes velocidades.
El hallazgo comenzó durante una comprobación rutinaria de datos. Robert Wagner, especialista que trabaja con las imágenes del Lunar Reconnaissance Orbiter, detectó una enorme zona brillante rodeada por un halo oscuro mientras examinaba mapas de la superficie lunar.
Al comparar fotografías tomadas antes y después del fenómeno, los investigadores comprobaron que estaban observando las consecuencias de un impacto que no aparecía en las imágenes anteriores.
El LRO lleva orbitando la Luna desde 2009. Durante ese tiempo sus cámaras e instrumentos han permitido identificar al menos un millar de nuevos cráteres de impacto y decenas de miles de modificaciones de la superficie.
Una de las mayores sorpresas apareció al estudiar la temperatura del terreno que rodea McGetchin.
El instrumento térmico Diviner, instalado en el LRO, detectó alrededor del cráter una región de aproximadamente 6,4 kilómetros de anchura que durante la noche lunar se encuentra unos 9 ºC más fría que el terreno circundante.
La explicación está en el regolito, la capa de polvo y fragmentos de roca que cubre la Luna. La violencia del impacto removió y esponjó ese material, reduciendo su densidad y modificando su capacidad para conservar el calor.
El fenómeno demuestra que un impacto puede transformar físicamente el suelo lunar a kilómetros de distancia del punto exacto de colisión.
Los científicos calculan que una colisión capaz de producir un cráter de estas dimensiones podría ocurrir en la Luna aproximadamente una vez cada siglo o incluso con menor frecuencia.
Los pequeños impactos son, en cambio, habituales. Al no disponer de una atmósfera protectora comparable a la terrestre, la Luna recibe continuamente partículas, micrometeoritos y objetos de mayor tamaño.
El descubrimiento tiene una dimensión que va mucho más allá de la geología lunar.
NASA y otras agencias espaciales trabajan en proyectos destinados a establecer una presencia humana cada vez más prolongada sobre la Luna. Eso significa instalar equipos científicos, vehículos, sistemas de comunicaciones y, en el futuro, infraestructuras capaces de permanecer durante largos periodos sobre la superficie.
Comprender la frecuencia y los efectos de estos impactos será fundamental para evaluar los riesgos que deberán afrontar esas instalaciones.
Además, la modificación del regolito alrededor de los cráteres puede alterar las propiedades mecánicas del terreno. Esto podría influir incluso en la forma en que las ruedas de futuros vehículos lunares se comporten sobre determinadas zonas.
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