Psicología
Soledad en tiempos de hiperconexión
Por Cristhian Tirado
La tecnología actual permite que países y continentes puedan unirse fácilmente, podemos hablar con alguien casi en cualquier parte del mundo en cualquier momento y de paso ver su vida en tiempo real, generar reacciones basados en símbolos que hoy conocemos como emojis, memes entre otros, también podemos compartir lo que hacemos, sin embargo, a pesar de esto, seguir experimentando una sensación constante de soledad y vacío.
Y no se trata solo de aislarse de manera física, o por ausencia en ocasiones de contacto con las personas, hay algo mas profundo y difuso, algo más silencioso, también podría decirse desde una paradoja, vivimos rodeados en múltiples ocasiones de muchas personas a nuestro alrededor, ¿pero que tipo de conexiones son las que construimos?
Y no se trata solo de aislarse de manera física, o por ausencia en ocasiones de contacto con las personas, hay algo mas profundo y difuso, algo más silencioso, también podría decirse desde una paradoja, vivimos rodeados en múltiples ocasiones de muchas personas a nuestro alrededor, ¿pero que tipo de conexiones son las que construimos?
“Estar conectados no es lo mismo que estar vinculados”
La tecnología abrió el campo de la comunicación, pero la sociedad actual carece de profundidad y le sobra egoísmo, podemos saber sobre muchas otras personas, e incluso comunicarnos con los astronautas al viajar a la Luna, sabemos sobre lo que hacen los demás, e incluso como piensan, sin que eso signifique que hay conexiones reales y verdaderas, hay un bombardeo de información emocional pero no siempre la “frase linda”, el consejo de “Instagram” o el video de superación de “TikTok” trae consigo un efecto real y permanente.
Nuestros vínculos no están definidos por la frecuencia en que hacemos contacto con los demás, sino por la calidad de estar presentes, y esto revela en nuestra actualidad, que la presencia real cada vez es más escasa: estar disponibles, no solo teniendo en consideración el tiempo, si no también la apertura de saber escuchar y vernos realmente a los ojos.
O será posible que el abrirse a otro, supone exponerse a no ser comprendidos, o tal vez a no poder sentirnos sostenidos, o no ser recibidos como esperaríamos, probablemente lo “superficial” ofrece una vía para protegernos sin necesidad de implicarse demasiado, el gran inconveniente es que el ser humano necesita de vínculos, necesita pertenencia, validación, también ser vistos de manera real y cuando esto no acontece, surge esa sensación vaga de soledad y vacío, mas aun cuando nuestros hogares son disfuncionales o cuando no aprendimos a tramitar de manera adecuada nuestras emociones.
Otro elemento es que la liquidez y rapidez con la que vivimos hoy en día hace que otro fenómeno emerja de manera sutil, cuanto mas nos acostumbramos a dinámicas y relaciones superficiales, rápidas y al parecer “desechables”, más difícil se torna sostener vínculos profundos, la paciencia, la tolerancia, la incomodidad emocional se busca evitar con facilidad, promoviendo el rechazo a lo que nos cuesta y apoyando la idea de un positivismo toxico que nos aleja cada vez mas de los demás para enfatizar en un “falso ego” entonces sin darnos cuenta, se prefieren los vínculos que no requieran demasiada demanda, pero a su vez tampoco nos ayudan a transformarnos.
Visto de este modo, este fenómeno social no hace alusión solo a lo individual, si no también impacta de manera importante en lo cultural ya que es la manera en que estamos aprendiendo a relacionarnos y como todo lo aprendido, también podemos revisarnos para desaprenderlas.
La intimidad de nuestros vínculos no se da por la suma de likes, ni visualizaciones, si no mas bien por el encuentro real, el cual también implica tiempo, incomodidad, estar presentes, pero sobre todo tener la disposición de mostrarnos más allá de la foto perfecta y del filtro perfecto.
Y eso implica tiempo, incomodidad, presencia y, sobre todo, disposición a mostrarse más allá de lo que es fácil de compartir.
Probablemente la soledad que padecemos como sociedad, no tenga mucho que ver con la falta de contacto, sino la falta de encuentro real. A lo mejor no necesitamos tanto tener un millón de amigos en redes, más bien dejarnos ser vistos y reconocidos por aquellos que nos ayudan a ser mejores personas.
Hablamos, respondemos, reaccionamos, pero no siempre estamos…
Nuestros vínculos no están definidos por la frecuencia en que hacemos contacto con los demás, sino por la calidad de estar presentes, y esto revela en nuestra actualidad, que la presencia real cada vez es más escasa: estar disponibles, no solo teniendo en consideración el tiempo, si no también la apertura de saber escuchar y vernos realmente a los ojos.
O será posible que el abrirse a otro, supone exponerse a no ser comprendidos, o tal vez a no poder sentirnos sostenidos, o no ser recibidos como esperaríamos, probablemente lo “superficial” ofrece una vía para protegernos sin necesidad de implicarse demasiado, el gran inconveniente es que el ser humano necesita de vínculos, necesita pertenencia, validación, también ser vistos de manera real y cuando esto no acontece, surge esa sensación vaga de soledad y vacío, mas aun cuando nuestros hogares son disfuncionales o cuando no aprendimos a tramitar de manera adecuada nuestras emociones.
Otro elemento es que la liquidez y rapidez con la que vivimos hoy en día hace que otro fenómeno emerja de manera sutil, cuanto mas nos acostumbramos a dinámicas y relaciones superficiales, rápidas y al parecer “desechables”, más difícil se torna sostener vínculos profundos, la paciencia, la tolerancia, la incomodidad emocional se busca evitar con facilidad, promoviendo el rechazo a lo que nos cuesta y apoyando la idea de un positivismo toxico que nos aleja cada vez mas de los demás para enfatizar en un “falso ego” entonces sin darnos cuenta, se prefieren los vínculos que no requieran demasiada demanda, pero a su vez tampoco nos ayudan a transformarnos.
Visto de este modo, este fenómeno social no hace alusión solo a lo individual, si no también impacta de manera importante en lo cultural ya que es la manera en que estamos aprendiendo a relacionarnos y como todo lo aprendido, también podemos revisarnos para desaprenderlas.
Tal vez no se trata de rechazar la tecnología y vivir desconectados del mundo digital, si no de preguntarnos ¿Cuál es el lugar que estamos dando a lo profundo y a estar presentes en medio de tantas conexiones?
La intimidad de nuestros vínculos no se da por la suma de likes, ni visualizaciones, si no mas bien por el encuentro real, el cual también implica tiempo, incomodidad, estar presentes, pero sobre todo tener la disposición de mostrarnos más allá de la foto perfecta y del filtro perfecto.
Y eso implica tiempo, incomodidad, presencia y, sobre todo, disposición a mostrarse más allá de lo que es fácil de compartir.
Probablemente la soledad que padecemos como sociedad, no tenga mucho que ver con la falta de contacto, sino la falta de encuentro real. A lo mejor no necesitamos tanto tener un millón de amigos en redes, más bien dejarnos ser vistos y reconocidos por aquellos que nos ayudan a ser mejores personas.
NOTA EDITORIAL
❓ Preguntas frecuentes sobre la soledad en la era digital
¿Por qué sentimos soledad si estamos conectados todo el tiempo?
¿Qué diferencia hay entre estar conectado y estar vinculado?
¿Las redes sociales aumentan la sensación de soledad?
¿Cómo se pueden construir vínculos más reales hoy en día?
¿La tecnología es el problema o el uso que hacemos de ella?

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