Los papeles desclasificados del 23-F
23-F, 40 años después: lo que dicen los documentos desclasificados que nunca se contó.
Qué revelan, qué ocultan y el verdadero papel del Rey Juan Carlos I
La noche en que el Estado se sostuvo por un hilo
Durante décadas, el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue explicado como un episodio casi cinematográfico: un teniente coronel exaltado, unos disparos al techo y un Rey que salvó la democracia desde la televisión. Sin embargo, los documentos desclasificados —parciales, fragmentados y todavía incompletos— dibujan un escenario mucho más complejo, incómodo y políticamente delicado.
Este artículo repasa qué dicen realmente esos papeles, qué revelaciones han aportado y por qué, más de cuarenta años después, el 23-F sigue siendo una herida histórica mal cerrada.
El golpe no fue improvisado
Los documentos desclasificados del CESID, actas internas del Gobierno y sumarios judiciales confirman que el 23-F no fue una acción espontánea. Existía un clima de conspiración latente dentro de sectores del Ejército.
La “vía blanda”: el plan Armada
Una de las revelaciones más significativas fue la propuesta del general Alfonso Armada: un gobierno de concentración nacional bajo presión militar y apariencia constitucional.
El papel del Rey Juan Carlos I
Imagen histórica del mensaje televisado del Rey durante el 23-F
Los documentos desclasificados y los testimonios posteriores coinciden en un punto esencial: el Rey Juan Carlos I no fue un actor ajeno a la crisis que desembocó en el 23-F. Desde meses antes del golpe, la Casa del Rey era plenamente consciente del creciente malestar en sectores del Ejército, alimentado por la inestabilidad política, el terrorismo y la percepción de un Estado debilitado.
El monarca mantuvo contactos habituales con altos mandos militares y recibió advertencias claras sobre movimientos involucionistas. En ese contexto, su estrategia inicial fue la de contener la tensión mediante mensajes de calma y confianza, sin cerrar completamente la puerta a soluciones “excepcionales” que algunos mandos interpretaban como aval implícito. Esa ambigüedad previa —documentada y hoy ampliamente analizada— contribuyó a que ciertos sectores creyeran que una intervención institucional contaría, como mínimo, con su comprensión.
Cuando el golpe se materializó con el asalto al Congreso, la situación entró en una fase crítica. Durante horas se sucedieron llamadas, consultas y movimientos contradictorios entre las distintas regiones militares. El Rey asumió entonces un papel central como árbitro final del sistema, evaluando apoyos reales y el riesgo de una extensión del golpe.
Su mensaje televisado, emitido ya de madrugada, marcó un punto de inflexión. Al ordenar explícitamente a los capitanes generales que permanecieran fieles a la Constitución, desactivó cualquier expectativa de legitimidad monárquica del golpe. A partir de ese momento, el respaldo militar se desmoronó y el intento quedó políticamente aislado.
La historiografía actual coincide en una valoración matizada: la intervención final del Rey fue decisiva para frenar el golpe, pero su papel previo estuvo rodeado de zonas grises. No fue el instigador del 23-F, pero tampoco logró impedir que el clima que lo hizo posible se desarrollara. El Rey apagó el incendio, sí, pero no consiguió evitar que se encendiera.
Una historia aún incompleta
El 23-F no fue solo un intento de golpe fallido, sino una crisis profunda del sistema. Parte de sus claves siguen bajo secreto oficial.
Preguntas clave sobre el 23-F
¿Qué fueron los papeles desclasificados del 23-F?
Son documentos oficiales liberados parcialmente con el paso de los años, procedentes del CESID,
sumarios judiciales, archivos militares y actas internas del Gobierno. No constituyen un archivo único
y completo, y parte de la documentación sigue bajo secreto oficial.
¿El 23-F fue un golpe improvisado?
No. Los documentos confirman que existían planes previos, contactos entre mandos militares y la
expectativa de una “solución de emergencia”. El asalto al Congreso fue solo la fase más visible.
¿Qué fue la llamada “vía blanda” del golpe?
Fue una propuesta encabezada por el general Alfonso Armada para formar un gobierno de concentración
nacional bajo presión militar, con apariencia constitucional pero sin legitimidad democrática real.
¿Qué sabía el Rey Juan Carlos I antes del 23-F?
Estaba informado del malestar militar y de los rumores de movimientos involucionistas.
Mantuvo contacto con mandos clave y fue consciente de la fragilidad del momento político.
¿El Rey autorizó el golpe de Estado?
No existe ninguna prueba documental que demuestre que el Rey autorizara el golpe.
Su intervención final fue decisiva para frenarlo, aunque su papel previo presenta zonas grises.
¿Por qué fue tan importante el mensaje televisado del Rey?
Porque retiró cualquier expectativa de legitimidad monárquica al golpe.
Tras el mensaje, el apoyo militar se desmoronó y el intento quedó políticamente aislado.
¿Quedan documentos del 23-F sin desclasificar?
Sí. Especialmente aquellos relacionados con conversaciones privadas, movimientos previos
y comunicaciones sensibles que afectan directamente a la Casa del Rey.



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