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Otra forma de habitar el trabajo: por qué 2026 será recordado como el año en que los jóvenes dejaron de fingir
"No voy a fingir que quiero algo que no quiero", explica mientras toma un café en una terraza de Chamberí. Tiene 29 años. Es licenciada en ADE. Cobra 1.800 euros. Y está exactamente donde quiere estar.
Hace cinco años, esta escena habría sido noticia. Hoy, en 2026, es tendencia.
I. EL GRAN REAJUSTELo llamaron "Gran Renuncia" en 2021, cuando la pandemia desató una desbandada masiva de empleados en Estados Unidos. Luego vino la "renuncia silenciosa", esa decisión de hacer lo estrictamente necesario sin quemarse por una empresa que no te debe lealtad. Después, la "flexibilidad sagrada" y el "work from anywhere".
Cada año, los sociólogos laborales bautizaban una nueva fase. Pero 2026 no tiene nombre. No lo necesita. Porque lo que estamos presenciando ya no es una reacción, es una mutación cultural completa.
"La pregunta ya no es por qué los jóvenes no quieren trabajar", explica Carlota Pineda, catedrática de Sociología del Trabajo en la Universidad Complutense. "La pregunta es por qué durante cien años aceptamos que trabajar significaba anular la vida".
Su último estudio, publicado el 2 de febrero, arroja un dato que ha pasado desapercibido en los grandes titulares: el 73% de los menores de 35 años en España rechazaría un ascenso si implica menos tiempo libre. Hace una década, ese porcentaje no llegaba al 30%.
"No es vagancia", matiza Pineda. "Es una redistribución radical del valor. Han dejado de creer que el éxito profesional compensa la pérdida de vida privada. Y lo más importante: han dejado de fingir que lo creen."
II. LA OFICINA VACÍA Y EL MAPA DE CALORLas sedes centrales de las grandes corporaciones españolas parecen campus universitarios en agosto. El mapa de calor que registra la ocupación de oficinas en el IBEX 35, al que ha tenido acceso este periódico, muestra una realidad tozuda: los jueves son el nuevo viernes.
"Venimos martes y miércoles", resume Hugo, de 31 años, ingeniero de software en una multinacional. "El lunes teletrabajas para arrancar la semana sin estrés. El jueves ya estás pensando en el finde. El viernes directamente no vienes porque nadie viene".
Su jefe, 20 años mayor, intentó durante meses que los miércoles fueran "día de obligada presencialidad". Lo llamó "sinergia creativa". Duró tres semanas.
"Ellos no es que no quieran trabajar", admite el directivo, que pide anonimato para no ser linchado en RR.HH. "Es que no entienden por qué deben hacerlo en una silla con ruedas cuando pueden hacerlo en su casa. Y cuando intentas explicárselo, te miran como si fueras un señor de las cavernas".
El informe Future of Work 2026 de la consultora Adecco, presentado el 10 de enero, confirma que el 68% de los directivos españoles mayores de 45 años considera que los jóvenes "no tienen cultura del esfuerzo". El mismo informe revela que esos jóvenes trabajan 2,3 horas semanales más no remuneradas que sus predecesores hace una década. La cultura del esfuerzo, al parecer, solo cuenta si duele.
III. LA REVANCHA DE LOS QUE LLEGARON TARDEHay una ironía histórica que los analistas empiezan a señalar.
Los millennials y la generación Z crecieron escuchando que habían llegado tarde. Que el mundo se había repartido antes de que ellos nacieran. Que los pisos eran para sus padres, las pensiones para sus abuelos y los contratos fijos para los boomers que ya tenían uno.
Asumieron que no tendrían nada. Y actuaron en consecuencia.
"Cuando te dicen durante treinta años que no vas a heredar nada, dejas de ahorrar para la herencia", explica David Uclés, escritor galardonado con el Premio Nadal 2026, en una entrevista reciente. "Pero también dejas de creer en el relato que te exige sacrificio a cambio de recompensa".
Esa es la revancha silenciosa. Si no hay recompensa, el sacrificio se vuelve ridículo. Y los jóvenes de 2026 han decidido, colectivamente, dejar de hacer el ridículo.
El fenómeno tiene nombre académico: deserción de la promesa. Lo acuñó la socióloga francesa Camille Peugny en 2023, pero no fue hasta este año cuando los datos españoles confirmaron la tesis. Según el barómetro del CIS de enero de 2026, solo el 23% de los menores de 35 años cree que vivirá mejor que sus padres. En 2008, cuando estalló la crisis financiera, era el 48%. En 1995, el 71%.
"No es pesimismo", aclara Peugny en conversación telefónica desde París. "Es realismo estadístico. Han hecho los cálculos. Saben que el ascensor social está averiado. ¿Por qué iban a pasar la vida golpeando las puertas?"
IV. LA GENERACIÓN QUE NO QUIERE SER JEFALa resistencia al ascenso es quizás el síntoma más revelador.
Las direcciones de recursos humanos llevan tres años frotándose los ojos. Ofertas de promoción interna que quedan desiertas. Candidatos que rechazan puestos de responsabilidad con excusas vagas. Empleados con talento que prefieren seguir siendo "uno más".
"Me ofrecieron coordinar el equipo de Barcelona", cuenta Laura, 33 años, consultora. "Viajar dos veces por semana, reuniones con dirección, presión de resultados. Cobraría más, pero también gastaría más en guardería, en transporte, en ropa que no puedo ponerme dos veces seguidas. Y vería a mi hijo dos horas al día. Hice números y salía perdiendo".
No salía perdiendo económicamente. Salía perdiendo vitalmente. Y ese cálculo, que antes se ocultaba como un fracaso personal, hoy se expresa sin pudor.
El informe Liderazgo 2026 de la escuela de negocios Esade, publicado el 15 de enero, detecta un cambio sísmico en las aspiraciones profesionales de los estudiantes de máster. Preguntados por sus objetivos a diez años vista, solo el 18% mencionó "dirigir un equipo" o "ser directivo". La respuesta mayoritaria, con un 41%, fue "tener autonomía sobre mi tiempo".
"No quieren ser jefes porque han visto lo que cuesta serlo", resume Iñaki Ortega, catedrático de Negocios en la Universidad de Deusto. "Han visto a sus padres llegar tarde a cenar, contestar correos en vacaciones, sufrir infartos con cincuenta años. Y han decidido que ellos no van a ser el siguiente eslabón de esa cadena".
V. LO QUE VIENE: LA ECONOMÍA DE LA MODERACIÓNLos economistas empiezan a preguntarse qué significa todo esto para el país.
Si los jóvenes no quieren ascender, ¿quién dirigirá las empresas dentro de veinte años? Si rechazan la movilidad geográfica, ¿cómo se ajustará el mercado laboral? Si priorizan el tiempo libre sobre el ingreso, ¿caerá la productividad?
Las respuestas, aún preliminares, dibujan un escenario que no es apocalíptico sino desconcertante para la ortodoxia económica.
"Estamos pasando de una economía del crecimiento a una economía de la moderación", explica María Fernández, investigadora del Instituto de Estudios Económicos. "El PIB no será la variable central. Lo será el bienestar. Y eso no lo medimos bien todavía".
Su último working paper, difundido el 28 de enero, modela un escenario en el que la reducción voluntaria de jornada y el rechazo a promociones se generalizan. El resultado no es el colapso. Es una economía que crece al 0,8% anual, con pleno empleo, salarios estables y menos estrés, menos consumo y menos desigualdad.
"Lo llaman pereza", ironiza Fernández. "Pero la pereza nunca generó estos datos".
VI. LA TRAMPA DEL LENGUAJE
Quizás el problema sea el nombre.
Durante décadas, llamamos "ambición" al deseo de destacar, "vocación" a la disponibilidad total y "compromiso" a la renuncia. Los jóvenes de 2026 no usan esas palabras. O las usan entre comillas, como quien cita a un abuelo.
"No es que no tengamos ambición", dice Marta, la que rechazó el ascenso. "Es que nuestra ambición no es vuestra ambición. Vosotros queríais un cargo. Nosotros queremos una vida que no necesite vacaciones para ser soportable".
El director que le ofreció el puesto aún no lo entiende del todo. Pero algo ha cambiado en él. La semana pasada, por primera vez en treinta años, salió de la oficina a las seis. Su mujer le preguntó si se encontraba mal.
VII. EPÍLOGO EN UNA TERRAZA DE CHAMBERÍSon las once de la mañana. Marta termina su café. Pide la cuenta. Saca el móvil para pagar y aparece una notificación: oferta de otra empresa. Mismo sueldo, menos responsabilidad, teletrabajo tres días.
Sonríe. Lo piensa cinco segundos. Rechaza.
"Es que estoy bien donde estoy", dice. Y se levanta.
Afuera hace sol. Febrero en Madrid es así: frío, pero con luz. Ella camina hacia el metro sin prisa. No sabe que es el rostro de una generación que ha decidido, pacífica y tozudamente, dejar de correr una carrera cuyas medallas ya no valen nada.
O quizás lo sabe perfectamente.
FUENTES CONSULTADAS
Estudio: Juventud y aspiraciones profesionales en España 2026 – Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), enero 2026.
Informe: Future of Work 2026: La brecha de expectativas entre generaciones – Adecco Institute, 10 enero 2026.
Working paper: Deserción de la promesa: movilidad social descendente y cambios de valor en la Generación Z – Camille Peugny (CNRS/París), 2025; adaptación española por Fundación Alternativas, enero 2026.
Estudio: Liderazgo 2026: qué quieren ser de mayores los estudiantes de negocio – Esade/Alumni, 15 enero 2026.
Barómetro: Percepción de bienestar y conciliación – CIS, enero 2026 (avance de datos).
Working paper: *Crecimiento moderado, bienestar máximo: simulaciones macro para España 2026-2035* – María Fernández (Instituto de Estudios Económicos), 28 enero 2026.
Declaraciones: David Uclés, entrevista en Cultura en abierto – RTVE, 2 febrero 2026.
Entrevistas originales: Testimonios recogidos en Madrid entre el 1 y el 10 de febrero de 2026. Los nombres de los entrevistados han sido modificados por solicitud expresa.



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