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✒ Bitácora Poética - Miquel Costa i Llobera (1854–1922) / "El pi de Formentor" - Actualización

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✒ Bitácora Poética

Cuaderno de navegación literaria. Versos que nacen frente al mar y resisten como roca antigua.
ENTRADA 06 · MALLORCA · PAISAJE Y ESPÍRITU

Miquel Costa i Llobera (1854–1922)

Rectificación editorial

En relación con la bitácora poética dedicada a Miquel Costa i Llobera, publicada recientemente en este espacio, deseamos realizar una aclaración importante.

Por un error de edición, se incluyó un texto que no corresponde al "Pi de Formentor" de Costa i Llobera. La publicación de dicho texto  fue una equivocación exclusiva de esta redacción.

Queremos dejar constancia de que la atribución fue incorrecta y ya ha sido debidamente corregida.

Pedimos disculpas a nuestros lectores, así como a quienes valoran y estudian la obra de Costa i Llobera, por esta imprecisión. Nuestro compromiso con el rigor cultural y la fidelidad a las fuentes es absoluto, y trabajamos para que este tipo de errores no vuelvan a producirse.

Agradecemos la comprensión y la confianza de quienes nos leen.

 


El Pi de Formentor

(texto original en catalán)

Mon cor estima un arbre! Més vell que l’olivera,
més poderós que el roure, més verd que el taronger,
conserva de ses fulles l’eterna primavera,
i lluita amb les ventades que atupen la ribera,
com un gegant guerrer.

No guaita per ses fulles la flor enamorada;
no va la fontanella ses ombres a besar;
mes Déu ungí d’aroma sa testa consagrada
i li donà per terra l’esquerpa serralada,
per font la immensa mar.

Quan lluny, damunt les ones, renaix la llum divina,
no canta per ses branques l’aucell que encativam;
el crit sublim escolta de l’àguila marina,
o del voltor qui puja sent l’ala gegantina
remoure son fullam.

Del llim d’aquesta terra sa vida no sustenta;
revincla per les roques sa poderosa rel,
té pluges i rosades i vents i llum ardenta,
i, com un vell profeta, rep vida i s’alimenta
de les amors del cel.

Arbre sublim! Del geni n’és ell la viva imatge:
domina les muntanyes i aguaita l’infinit;
per ell la terra és dura, mes besa son ramatge
el cel qui l’enamora, i té el llamp i l’oratge
per glòria i per delit.

Oh! sí: que quan a lloure bramulen les ventades
i sembla entre l’escuma que tombi el seu penyal,
llavors ell riu i canta més fort que les onades,
i vencedor espolsa damunt les nuvolades
sa cabellera real.

Arbre, mon cor t’enveja. Sobre la terra impura,
com a penyora santa duré jo el teu record.
Lluitar constant i vèncer, reinar sobre l’altura
i alimentar-se i viure de cel i de llum pura…
oh vida! oh noble sort!

Amunt, ànima forta! Traspassa la boirada
i arrela dins l’altura com l’arbre dels penyals.
Veuràs caure a tes plantes la mar del món irada,
i tes cançons tranquil·les ‘niran per la ventada
com l’au dels temporals.

Miquel Costa i Llobera

ANÁLISIS /  “El Pi de Formentor” es mucho más que una descripción paisajística; es una alegoría moral y espiritual construida a partir de un elemento natural profundamente arraigado en el paisaje mallorquín. Desde el primer verso, “Mon cor estima un arbre!”, el poeta no habla de un árbol cualquiera, sino de una figura admirada y casi venerada. El pino se convierte en símbolo de fortaleza, elevación y pureza, un modelo ético que el propio yo poético contempla con deseo y respeto.

El paisaje de Formentor no aparece como un entorno amable o decorativo, sino como un escenario áspero y grandioso: la serralada escarpada, la mar inmensa, las ventades y el llamp configuran un mundo de tensión y desafío. El árbol no se alimenta del “llim d’aquesta terra”, no arraiga en lo bajo o en lo cómodo, sino que revincla por las rocas y se nutre de “les amors del cel”. Esta oposición entre lo terrestre y lo elevado articula todo el poema. La tierra es dureza; el cielo, ideal. El pino vive entre ambos, pero orientado siempre hacia lo alto.

La dimensión simbólica se intensifica cuando el poeta lo compara con un “vell profeta”. El árbol adquiere entonces resonancias bíblicas y románticas: solitario, firme, erguido frente a la tormenta, escucha el grito del águila y afronta el oratge con dignidad. La adversidad no lo debilita, sino que lo engrandece. Cuando parece que el temporal pueda derribarlo, “riu i canta més fort que les onades”. La tormenta se convierte en prueba moral, y la resistencia, en gloria.

En las estrofas finales, el poema revela su núcleo íntimo. “Arbre, mon cor t’enveja”: el pino deja de ser objeto de contemplación para convertirse en ideal vital. El poeta aspira a esa verticalidad, a esa capacidad de reinar sobre la altura y de alimentarse de luz pura. El texto concluye como una exhortación espiritual: “Amunt, ànima forta!”. El árbol es modelo de elevación interior, de nobleza frente a la impureza del mundo, de lucha constante y victoria moral.

Formalmente, la regularidad métrica y la sonoridad del catalán refuerzan la solemnidad del tono. La reiteración de comparaciones y la cadencia de las estrofas contribuyen a esa sensación de monumentalidad que convierte al pino en figura casi épica. En definitiva, “El Pi de Formentor” no es solo un canto a la naturaleza mallorquina, sino una declaración de ideales: la defensa de la fortaleza espiritual, la aspiración a lo trascendente y la afirmación de una identidad arraigada en la dureza del paisaje y orientada hacia el cielo.

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