Hurgando estos días, querida Luna, entre los muchos papeles que cualquier periodista que se precie los tiene guardados, arrinconados o escondidos por todos los rincones en donde se encuentre un lugar para dejar la impronta de un escrito, me apareció un texto en forma de misiva que años atrás puse en negro sobre blanco y que nunca firmé su autoría.
Jamás vio la luz de las ondas ni el papel con olor a tinta de aquella que se quedaba pegada a la yema de los dedos, cuando se escuchaba o se podía leer para entretener el tiempo.
Yo siempre, lo confieso, he sido muy reservado al exponer mis inquietudes y los deseos más livianos, pero en aquella época acostumbraba a exponerlos en un pedazo de papel para leerlos para mí mismo, y pues que lo había hecho para expresar lo que pensaba o sentía, o mejor dicho simplemente usando a un objeto inanimado que ponía en su voz lo que nunca jamás sería escuchado, porque suponía que el relato era muy inconsistente.
Corría el año 1.966 cuando el conjunto musical español LOS BRINCOS grabó una pieza musical que nunca formó parte de ninguno de los por entonces LP’S, y sí en un acetato de 45 revoluciones por minuto, pero sí que se publicó en una reedición de su disco homónimo en 2001:
“¡Hola!
Te extrañará el contenido de este escrito, sin ninguna duda, y aún más cuando descubras quien lo firma, porque tu curiosidad de mujer ha sido más fuerte que este mismo encabezamiento, y sin dudarlo has ido al final sin pasar por su contenido. Sabía que sería así.
¿Que cual soy? La que está más próxima a ti.
Este va a ser un convite extraño. Esta puede ser la invitación más insólita de tu vida… y ojalá que sea la más bonita, porque te invito a brindar conmigo y solo conmigo.
Nada de recuerdos, nada de pensamientos, nada de añoranzas ni de dudas que entristezcan tu semblante. Solos TÚ y YO.
Y brindo por ti. Tan simple y bello a la vez.
Brindo por tu cabello recogido o libre, por tu sonrisa clara, por tu mirada dulce y cautivadora.
Por favor, lléname hasta el mismo borde, pero muy despacio, tan despacio que no vaya a derramarse una sola gota, y tómame con las dos manos.
Deja que por unos instantes la frialdad de mi piel de cristal reciba el profundo sentido de tu calor, y deposita tus labios en mi borde suavemente… no tengas prisa.
Recuerda que estamos TÚ y YO, y YO que soy miles de burbujas de ilusión.
Entorna tus párpados, monta sobre una de ellas y pídele un destino. Ella te llevaría sin dudarlo y viajará incansable a través de los sueños para cumplir tu deseo.
¿Ya llegaste?… ¡Bienvenida!
Pero no, no me apures del todo. Deja alguna burbuja en mi fondo, quiero que exista una razón que me permita estar próxima a ti.
En el pasado, cuando otra copa te ofreció su borde, y sus burbujas te invitaron a viajar, tú aceptaste con ilusión y esperanza y probablemente sí apuraste su contenido.
Ninguna de ellas quedó en mi fondo.
Ahora y para el futuro, recuerda que de todas aquellas, solo una te invitó a beber besando.
Lo que venga después, puede que mucho importe, y si TÚ no me retienes a tu lado, YO volveré a la servidumbre de mi cometido.
Otros labios se posarán en mí destilando ilusión, lujuria y quien sabe si amor, pero nadie podrá privarme del calor que TÚ me distes, del beso con el que me acariciaste y del viaje que me permitiste…
Ha sido un brindis, tan solo por ti.
Y ya me voy, querida Luna, porque cuando calienta el sol aquí en la playa, solo me queda en el firmamento una silueta muy tenue de lo que ha sido toda una noche.
Volveré de nuevo y espero encontrarte porque a veces te escondes y no te dejas ver.
“Pero te recordaré de cuando luces en tu esplendor enviando tu rayito de luz.”

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