LA TIERRA PODRÍA HABER NACIDO DE FORMA DISTINTA A COMO CREÍAMOS
Un estudio sobre la composición isotópica de nuestro planeta cuestiona que una parte importante de los materiales que formaron la Tierra tuviera que llegar desde las regiones exteriores del Sistema Solar.
Durante décadas, una de las grandes preguntas de la ciencia planetaria ha sido aparentemente sencilla: ¿de dónde procedieron los materiales que formaron la Tierra?
Ahora, una investigación publicada en Nature Astronomy plantea una respuesta que obliga a reconsiderar algunas de las hipótesis utilizadas hasta ahora.
Según el trabajo de los investigadores Paolo A. Sossi y Dan J. Bower, la Tierra podría haberse formado esencialmente a partir de material originado en el Sistema Solar interior.
EL SISTEMA SOLAR DE HACE 4.500 MILLONES DE AÑOS
Para comprender la importancia del descubrimiento hay que regresar a los primeros momentos de nuestro vecindario cósmico.
Hace aproximadamente 4.500 millones de años, el joven Sol estaba rodeado por un enorme disco de gas y polvo. Dentro de aquel disco, pequeñas partículas comenzaron a unirse hasta formar cuerpos cada vez mayores: planetesimales, embriones planetarios y, finalmente, los planetas.
Pero aquel material no era químicamente uniforme. Las condiciones cerca del Sol eran muy diferentes de las existentes en las regiones más frías y alejadas.
SISTEMA SOLAR INTERIOR
Materiales denominados no carbonáceos, relacionados principalmente con las regiones donde se formaron los planetas rocosos.
SISTEMA SOLAR EXTERIOR
Materiales carbonáceos asociados a regiones más alejadas y frías, tradicionalmente considerados importantes portadores de sustancias volátiles.
LA HUELLA DIGITAL DE LOS ÁTOMOS
Los investigadores no pueden regresar al nacimiento del Sistema Solar, pero disponen de algo parecido a una huella química de aquel pasado: los isótopos.
Los isótopos son variantes de un mismo elemento químico que poseen diferente número de neutrones. Las pequeñas diferencias existentes en sus proporciones permiten rastrear el origen de los materiales que acabaron formando planetas y meteoritos.
Sossi y Bower analizaron conjuntamente diez sistemas de anomalías isotópicas nucleosintéticas presentes en planetas y cuerpos progenitores de meteoritos.
Y APARECIÓ UNA SORPRESA
Al comparar esas firmas isotópicas, los investigadores encontraron que la composición de la Tierra puede explicarse mediante la prolongación de las tendencias observadas en los cuerpos no carbonáceos del Sistema Solar interior.
Según el modelo propuesto en el estudio, no sería necesario incorporar una cantidad sustancial de material procedente del Sistema Solar exterior para explicar la composición global de nuestro planeta.
Esto contrasta con modelos anteriores que habían estimado que aproximadamente entre un 6 % y un 40 % del material terrestre podía proceder de las regiones exteriores del Sistema Solar.
Aquí aparece una de las consecuencias más interesantes de la investigación.
Una de las razones por las que se había recurrido al material procedente de regiones más alejadas del Sol era explicar la presencia en la Tierra de elementos y compuestos volátiles, entre ellos los relacionados con el agua.
Las zonas próximas al joven Sol se consideraban extremadamente calientes y, por tanto, poco favorables para conservar grandes cantidades de esos materiales.
Si la Tierra se construyó esencialmente con material del Sistema Solar interior, aparece una posibilidad fascinante: los componentes necesarios para explicar parte de los volátiles terrestres podrían haber estado presentes mucho más cerca del Sol de lo que algunos modelos suponían.
El estudio no determina directamente el origen de toda el agua de la Tierra. Su resultado se refiere principalmente a la procedencia de los materiales que formaron nuestro planeta. La historia concreta del agua terrestre continúa siendo objeto de investigación y debate científico.
LA TIERRA NO SE PARECERÍA A NINGÚN METEORITO CONCRETO
El resultado contiene además otra particularidad. Los autores sostienen que el material medio con el que se formó la Tierra no coincide exactamente con la composición de ninguno de los tipos de condritas conocidos.
Nuestro planeta sería el resultado de la mezcla y acumulación de diferentes materiales del Sistema Solar interior durante su crecimiento, conservando una firma isotópica propia.
MERCURIO Y VENUS TAMBIÉN ENTRAN EN LA HISTORIA
El modelo permite incluso realizar predicciones sobre nuestros vecinos.
Al prolongar las tendencias isotópicas identificadas, los investigadores obtienen para Mercurio y Venus composiciones todavía más extremas que la terrestre.
Esto apuntaría a la existencia de un gradiente espacial o temporal en los materiales disponibles durante la formación de los planetas rocosos.
CAMBIA UNA PARTE DE NUESTRA HISTORIA
La investigación no significa que todo lo que sabemos sobre la formación terrestre deba descartarse. Los modelos científicos evolucionan precisamente cuando nuevas observaciones permiten comprobar, corregir o sustituir hipótesis anteriores.
Pero sí modifica una pieza fundamental del rompecabezas: el lugar del que pudieron proceder los materiales que construyeron nuestro planeta.
Y eso afecta inevitablemente a otra de las preguntas más profundas de la ciencia planetaria: cómo una pequeña esfera rocosa nacida alrededor de una estrella joven terminó convirtiéndose en un mundo con océanos, atmósfera y vida.
Quizá para explicar el origen de la Tierra no tengamos que viajar tan lejos como pensábamos. Una parte esencial de nuestra historia podría encontrarse en los materiales que ya rodeaban al joven Sol en la región donde nació nuestro planeta.
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