DESCUBREN EL PLANETA MÁS JOVEN CONOCIDO
Los astrónomos han identificado un planeta extraordinariamente joven que está proporcionando una oportunidad excepcional para estudiar uno de los procesos más difíciles de observar del universo: el nacimiento de un planeta.
El nuevo mundo se llama Elias 2-24 b y tiene menos de un millón de años, una edad diminuta en términos astronómicos. Para comprender la diferencia, basta recordar que nuestro Sistema Solar se formó hace aproximadamente 4.600 millones de años.
UN PLANETA TODAVÍA EN CONSTRUCCIÓN
Elias 2-24 b se encuentra todavía inmerso en el enorme disco de gas y polvo que rodea a su joven estrella. Es precisamente dentro de estos discos donde los materiales comienzan a agruparse hasta formar cuerpos cada vez mayores y, finalmente, planetas.
En este caso, los científicos no están contemplando un planeta completamente terminado, sino un mundo que aparentemente continúa acumulando material y creciendo.
DOS VECES MÁS MASIVO QUE JÚPITER
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| © NASA |
Las estimaciones indican que Elias 2-24 b posee aproximadamente el doble de la masa de Júpiter, el planeta más grande de nuestro Sistema Solar.
El sistema se encuentra a unos 450 años luz de la Tierra, una distancia enorme a escala humana pero relativamente cercana dentro de nuestra galaxia.
¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE?
Uno de los grandes problemas para comprender la formación de los planetas es que las primeras etapas de su existencia son extremadamente breves comparadas con la vida de las estrellas. Encontrar un planeta precisamente durante esa fase es, por tanto, extraordinariamente difícil.
Elias 2-24 b permite estudiar directamente la relación entre un planeta recién nacido y el disco de material del que se alimenta. Los datos obtenidos pueden ayudar a determinar cómo los gigantes gaseosos adquieren rápidamente grandes cantidades de materia durante los primeros momentos de su existencia.
UN DESAFÍO PARA LOS MODELOS ACTUALES
Su extrema juventud también plantea interrogantes. Si el planeta ha conseguido alcanzar una masa tan elevada en menos de un millón de años, algunos mecanismos de formación planetaria podrían estar funcionando mucho más rápidamente de lo que determinados modelos habían previsto.
Precisamente por eso este joven gigante se ha convertido en un laboratorio natural para contrastar las distintas teorías que intentan explicar cómo nacen los planetas gigantes.
UNA VENTANA AL PASADO DE LA TIERRA
Aunque Elias 2-24 b es muy diferente de nuestro planeta, estudiar sistemas tan jóvenes permite reconstruir procesos que ocurrieron también alrededor del Sol hace miles de millones de años.
Nuestro propio Sistema Solar comenzó como un gigantesco disco de gas y polvo. Dentro de aquel material nacieron el Sol, Júpiter, Saturno y finalmente los planetas rocosos, incluida la Tierra.
Observar Elias 2-24 b significa, en cierto modo, mirar hacia una etapa de la historia cósmica que nuestro Sistema Solar dejó atrás hace unos 4.600 millones de años.
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