Sin control, sin conciencia ¿Sin culpa?
Psicología forense, disociación y responsabilidad penal.
Imagina que alguien comete un delito en un estado en el que no sabe muy bien quién es, ni qué está haciendo. ¿Es responsable de sus actos? ¿Puede el alcohol o el estrés extremo “desconectar” la mente hasta ese punto? Y si es así, ¿qué dice la ley? Con este artículo vamos a aclarar estas preguntas, paso a paso y sin tecnicismos.
¿Qué es la disociación y cómo funciona en nuestro cerebro?
La disociación es un mecanismo psicológico en el que una persona se desconecta de sus propios pensamientos, emociones, recuerdos o incluso de su sentido de identidad (Romero-López, 2016). Puede ir desde algo cotidiano, como cuando transitas por un trayecto conocido y al llegar no recuerdas haberlo hecho, hasta estados muy graves en los que la persona siente que su cuerpo no le pertenece.
En el cerebro, esto ocurre porque el sistema que integra la información, es decir, el que conecta lo que sentimos, pensamos y recordamos, deja de funcionar de forma coordinada. Por lo que la persona puede experimentar despersonalización (sentir que es un observador externo de sí misma), desrealización (sentir que el mundo a su alrededor no es real) o amnesia (no recordar lo que ocurrió).
Para que nos entendamos, se puede describir como un viaje en coche, en el que la persona no siente ser el conductor, sino un pasajero que no controla lo que hace, no lo recuerda y no comprende por qué actúa así.
Conceptos.
- Despersonalización: sensación de estar separado de uno mismo.
- Desrealización: percepción de que el entorno no es real.
- Amnesia disociativa: incapacidad para recordar determinados hechos.
¿Cómo actúa el alcohol en el cerebro? ¿Y qué tiene que ver con la disociación?
El alcohol no es simplemente una sustancia que “alegra”. Es un depresor del SNC (Sistema Nervioso Central) que interfiere directamente en la comunicación entre neuronas (Trastornos Adictivos, 1999). En dosis altas, afecta especialmente al hipocampo (la región clave para formar nuevos recuerdos) y a la corteza prefrontal (la zona responsable del juicio, toma de decisiones y el autocontrol).
Esto explica por qué, bajo una intoxicación grave, una persona puede actuar y no recordar absolutamente nada de lo ocurrido. White (2003) lo denomina “apagón de memoria” (blackout), donde el cerebro sigue funcionando lo suficiente para que el cuerpo se mueva y hable, pero no para almacenar lo que está viviendo. Se debe a una interrupción real en la consolidación de recuerdos que se produce en el hipocampo, es decir, no es que la persona olvide después, es que nunca llegó a registrarlo.
Vamos a ejemplificarlo, cuando alguien bebe en exceso en una fiesta puede mantener conversaciones, bailar e incluso conducir, pero al día siguiente no recuerda nada. Su cerebro estaba activo, pero “la grabadora” estaba apagada.
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