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La hidroaviación en Baleares: CAPÍTULO IV / Los dos aeropuertos de Menorca.

PLANETA UNIOVERSAL BALEARES.
HISTORIA DE LOS AEROPUERTOS DE BALEARES.
 

La hidroaviación en Baleareshistoria, importancia y legado.

CAPÍTULO IV

Los dos aeropuertos de Menorca.


De las pistas de tierra de Sant Lluís a la puerta internacional de la isla.

La historia de la aviación en Menorca es también la historia de la transformación de la propia isla. Desde los primeros hidroaviones que amerizaban en el puerto de Maó hasta los vuelos internacionales que hoy conectan Menorca con media Europa, el cielo menorquín ha sido testigo de guerras, pioneros, turismo y modernidad.
Pocas personas saben que al igual que Mallorca, Menorca también ha tenido dos aeropuertos distintos. El primero fue el viejo aeródromo de Sant Lluís, nacido en plena Guerra Civil Española. El segundo, el actual Aeropuerto de Menorca, inaugurado en 1969, que acabaría convirtiéndose en la gran puerta de entrada del turismo internacional. Entre ambos se encuentra prácticamente toda la historia contemporánea de la isla.
Sant Lluís: el nacimiento de la aviación menorquina.
El origen de la aviación en Menorca se remonta a 1936. En plena Guerra Civil comenzó la construcción del aeródromo de Sant Lluís, situado entre Maó y el municipio que le dio nombre. Nació como instalación militar y su primera pista apenas alcanzaba los 850 metros de longitud. Era una sencilla franja de tierra compactada rodeada de campos y vegetación mediterránea.
El primer avión que aterrizó allí fue un caza Fiat biplano italiano procedente de Mallorca. Aquellas operaciones tenían algo casi improvisado: las aeronaves compartían espacio con terrenos agrícolas y, en ocasiones, incluso con ganado.           
Fiat C.R.42 Falco
Durante años, Sant Lluís fue un aeródromo humilde, austero y profundamente ligado a la historia militar de la isla. Aún hoy, conserva restos de búnkeres y estructuras defensivas construidas durante la guerra.
Los hidroaviones y el puerto de Maó.
Pero incluso antes de Sant Lluís, Menorca ya había mirado al cielo.
Durante las primeras décadas del siglo XX, el puerto de Maó acogió operaciones de hidroaviones y visitas del porta-hidroaviones Dédalo, una de las joyas de la aviación naval española de la época. Los aparatos despegaban directamente desde el mar, convirtiendo la bahía menorquina en una improvisada base aeronaval mediterránea.
El porta-hidroaviones Dédalo
Uno de los nombres más importantes vinculados a aquella etapa fue el del marino mahonés Pedro María Cardona, pionero de la Aeronáutica Naval Española y considerado uno de los padres de la aviación naval del país.
Aquellos años también dejaron episodios dramáticos. En junio de 1921, un hidroavión Macchi-18 se estrelló en aguas menorquinas causando la muerte de sus dos tripulantes. El accidente conmocionó a una población que todavía veía la aviación como algo casi futurista.
Hidroavión Macchi-18

La llegada de los vuelos civiles.
Tras la Guerra Civil, Sant Lluís permaneció durante años con una actividad muy limitada. Sin embargo, en 1949 llegó el gran cambio: el Ministerio del Aire autorizó la apertura del aeródromo al tráfico civil nacional e internacional.
Ese mismo verano aterrizó el primer vuelo regular procedente de Barcelona. Lo operaba Aviaco utilizando un Bristol 170 Freighter, un aparato enorme y extraño para la Menorca de la época, con un característico morro abatible diseñado para transportar carga y pasajeros.
Bristol 170 Freighter
Aquella conexión aérea modificó para siempre la relación de la isla con el exterior. Por primera vez Menorca quedaba conectada regularmente con la península por vía aérea.
El inicio del turismo internacional.
El verdadero punto de inflexión llegó en 1957.
Ese año, aterrizó en Sant Lluís el primer vuelo chárter internacional procedente de Londres, Era un Douglas DC-3 Dakota operado por la compañía Transair y contratado por British Airtours. A bordo viajaban los primeros turistas británicos que descubrirían una isla todavía ajena al turismo masivo.
Douglas DC-3
Detrás de aquella revolución turística estuvo el empresario Jim Maps, impulsor de Horizon Holidays y uno de los grandes responsables de popularizar Menorca entre los viajeros británicos.
En pocos años, Menorca comenzó a aparecer en los catálogos de los grandes touroperadores europeos. La aviación estaba cambiando la economía de la isla.
Los gigantes de hélice
Durante los años cincuenta el tráfico aéreo creció rápidamente y la pequeña pista de Sant Lluís tuvo que ampliarse varias veces para recibir aeronaves cada vez mayores.
Llegaron entonces los Douglas DC-4 de Aviaco, enormes cuatrimotores de hélice que para muchos menorquines parecían auténticos aviones intercontinentales. Ver aquellas aeronaves aterrizar en la pequeña pista rodeada de casas y campos se convirtió en todo un acontecimiento para los isleños.
Douglas DC-4 de Aviaco
Pero Sant Lluís, tenía un problema imposible de resolver, no podía crecer más.
El aeródromo estaba rodeado de obstáculos y viviendas, algunas de las cuales tuvieron que ser expropiadas y demolidas para facilitar las maniobras de aproximación. La llegada de los nuevos reactores y el auge turístico hacían inevitable la construcción de un aeropuerto completamente nuevo.
Un aeropuerto de emergencia en mitad del Mediterráneo.
Pese a la neutralidad oficial española durante la Segunda Guerra Mundial, Sant Lluís, llegó a funcionar ocasionalmente como pista de emergencia para aeronaves con problemas técnicos o vuelos desviados sobre el Mediterráneo.
Aquello convirtió al pequeño aeródromo menorquín, en una especie de refugio aéreo improvisado para pilotos que necesitaban aterrizar de urgencia.

El nuevo aeropuerto: la puerta internacional de Menorca.
En 1967 comenzaron las obras del actual Aeropuerto de Menorca, situado cerca de Maó. La nueva infraestructura fue inaugurada oficialmente el 24 de marzo de 1969.
Aquel momento supuso probablemente el mayor cambio económico y social de la historia moderna de la isla.
Los datos reflejan la magnitud de la transformación:
en 1968 el viejo Sant Lluís había movido unos 112.000 pasajeros. Apenas dos años después, el nuevo aeropuerto ya superaba los 239.000 viajeros.
Durante los años setenta el turismo internacional explotó definitivamente gracias a los vuelos procedentes de Reino Unido y Alemania.
El gran crecimiento turístico.
La evolución del aeropuerto fue constante.
En 1977 se amplió la zona internacional. En 1986 el aeropuerto superó el millón de pasajeros anuales y en 1988 se inauguró una terminal mucho más moderna y funcional.
Entre 2004 y 2009 se llevó a cabo una profunda modernización para adaptar las instalaciones a un volumen potencial de cinco millones de pasajeros al año.
Hoy el Aeropuerto de Menorca mueve más de tres millones de viajeros anuales y se ha convertido en una infraestructura esencial para la economía menorquína.

Innovación y modernidad.
Pese a su tamaño relativamente contenido, el aeropuerto menorquín ha destacado por diversas iniciativas tecnológicas y medioambientales.
Fue uno de los primeros aeropuertos españoles en experimentar con sistemas de reconocimiento facial para pasajeros y ha recibido distintos reconocimientos por sus medidas de eficiencia energética y sostenibilidad.
El viejo Sant Lluís sigue vivo.
Aunque dejó de operar vuelos comerciales en 1967, Sant Lluís nunca desapareció.
Actualmente continúa activo gracias al Real Aeroclub de Mahón, que mantiene viva la tradición aeronáutica menorquina. Allí todavía vuelan aeronaves ligeras y se conservan auténticas joyas históricas como los Bücker Bü-131 Jungmann o los entrenadores españoles AISA I-11 e I-115.
El viejo aeródromo sigue siendo uno de los lugares con mayor valor histórico de la aviación menorquína y balear.

Una isla abierta al mundo desde el aire.

Mientras Mallorca e Ibiza ya vivían el boom turístico, Menorca permaneció durante más tiempo relativamente aislada. Fueron los vuelos chárter británicos y la expansión de la aviación comercial los que terminaron abriendo la isla al mundo.

Hoy, el aeropuerto de Menorca es mucho más que una infraestructura de transporte. Es el símbolo de cómo una pequeña isla mediterránea pasó de las pistas de tierra y los hidroaviones a convertirse en uno de los destinos turísticos más reconocidos del Mediterráneo occidental.

Más que un aeropuerto, una puerta al mundo. La historia de la aviación menorquina es también la historia de la transformación económica, social y turística de toda una isla.

Y, en cierto modo, todo empezó con una pequeña pista de tierra en Sant Lluís y un viejo biplano italiano aterrizando entre pinos, higueras y encinas de los campos menorquines.

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