UN POEMA POR EL PUEBLO DE IRÁN
Robert Emmet fue un nacionalista irlandés, protestante y cabecilla de una frustrada sublevación en Dublín en 1803. Por su rebeldía fue detenido, juzgado y ejecutado. Tenía 23 años cuando murió.
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| Sublevación en Dublín 1803 |
A pesar de su juventud, no se le podría considerar un cabeza caliente. Era estudiante del prestigioso Trinity College y, junto con su hermano y otros independentistas, formaba parte de un grupo que buscaba la libertad de Irlanda desde la unión fraterna entre católicos y protestantes y la participación popular en la vida parlamentaria. Me asombra la precocidad de aquellos jóvenes ocupados en asuntos tan serios como el de hacer patria desde la vulnerabilidad de su adolescencia. A sus dieciocho conocieron el exilio en Francia; a sus veinte, buscaron la ayuda de Napoleón. Ante la negativa del emperador, regresaron clandestinamente a Irlanda y decidieron preparar la victoria por otros medios.
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| Robert Emmet |
Por mala suerte, pese a la buena organización, las cosas de la sublevación en Dublín salieron mal desde el principio. Uno de los depósitos donde ocultaban armas explotó y murió un compañero. Para evitar que la investigación de la policía descubriera el movimiento, Emmet adelantó la revuelta. Pero, aunque Dublín se sublevó, no recibieron todo el apoyo que habían esperado y, ante la violencia de la represión, tuvieron que replegarse. Robert se escondió en la casa paterna de su novia, Sara Curran, desde donde envió una premonitoria carta: “Que nadie escriba mi epitafio ahora, ignorando mis motivos… Cuando mi país tome su lugar entre las naciones de la tierra, entonces y solo entonces dejad que mi epitafio sea escrito”.
No eran forajidos, sino familias que luchaban por un ideal. Da que pensar la crudeza con que su destino fue despachado por las autoridades.
La carta fue interceptada. Capturado y declarado culpable de traición, Robert Emmet fue ahorcado. La condena se cumplió el 20 de septiembre de 1803. Su cuerpo, además, fue decapitado y enterrado sin sepelio, en total secretismo. Hasta hoy, el lugar “donde yacen frías sus reliquias, tristes, silenciosas y oscuras como el rocío nocturno que cae y, aunque llora en silencio, ilumina con verdor la tumba donde duerme…”* sigue envuelto en misterio.
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| Ejecución de Robert Emmet |
Los trágicos eventos marcaron profundamente a otro joven imbuido de fervor patriótico, que además tenía gran talento para la música y la poesía. Era uno de los pocos estudiantes católicos en el protestante Trinity College, Thomas Moore (1789-1852). En su vida, produciría una extensa obra que le valdría el reconocimiento como el fundamental poeta romántico de Irlanda. Él puso su firma en las biografías de grandes figuras como Richard Brinsley Sheridan y Lord Byron, de quien fue amigo. Fue estudioso, traductor, compositor y cantautor de una infinidad de baladas que recogió laboriosamente de la tradición oral irlandesa y que reunió en tres tomos bajo el título Melodías irlandesas.
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| Thomas Moore |
El fatídico 20 de septiembre, del alma sangrante de un Thomas Moore de solo 23 años —amigo íntimo de Robert Emmet— destilaron las bellísimas palabras de su obituario: “Oh, no pronuncies su nombre, déjalo dormir en la sombra…”. Con ellas el poeta sellaba su pacto de fidelidad personal con “aquel espíritu cambiante, la inexplicable mezcla de tristeza y alegría, de melancolía y ligereza” **, que era la causa de Irlanda, la herencia moral del héroe caído en la lucha… y, en un sentido más amplio, la imperecedera causa de la libertad.
En 1814, la casa editorial Longman, en Londres, firmó con Moore un contrato para escribir una novela. La obra se llamó Lalla Rookh y se convirtió en un éxito enorme tan pronto salió de su pluma en 1817.
“Sonrosada como un tulipán”, Lalla Rookh en persa, era el nombre de la protagonista. Lord Byron le había asegurado a Moore que, en tiempos de frustraciones y derrotas —como en las guerras napoleónicas que habían reconfigurado con vértigo a Europa y dejado a los pueblos exhaustos a merced de los autoritarismos—, los lectores agradecerían un bálsamo para aliviar la crudeza de sus realidades. “Llévatelos a Oriente, donde están el opio, los profetas, las mil y una noches de amor y placer, y te van a aplaudir a rabiar”, parece haber sido la recomendación.
Moore compuso un poema tejido de amor, poder y destino, en el cual una princesa ficticia, Lalla Rookh, que viaja a su boda con un príncipe de Cachemira, se enamora de un poeta. Él, para entretenerla por el camino, toca el arpa y le recita cuatro canciones: “El Profeta Velado de Khorosan”, “El Paraíso y la Peri”, “Los Adoradores del Fuego” y “La Luz del Harén”.
Video: R. Schumann, El Paraíso y la Peri con Gabriela Beltrán - Martin Lebel/Orquesta Sinfónica de Xalapa
En el trasfondo del romance yacía una lucha feroz —y real— entre el pueblo de los persas adoradores del fuego y los invasores musulmanes que habían ocupado su tierra desde el siglo VII. Para recrear la verosimilitud, Moore sumó más de cien fuentes históricas sobre Medio Oriente, mientras contaba, desde el corazón, la historia de la opresión de su propia gente y la lucha por la libertad de Irlanda.
La novela-poema fue recibida con aplausos y lágrimas de profunda emoción. Lord Byron no se había equivocado. Se hicieron lecturas, recitales de sus distintas partes, y óperas con música encargada a compositores de renombre. Pintores importantes aportaron dibujos y grabados para ilustrarla. Surgieron clubes literarios orientalistas. Se puso de moda la lana de Cachemira y se organizaron excursiones temáticas —incluso peregrinaciones— hasta la supuesta tumba de la ficticia princesa, que alguien creyó encontrar en algún lugar del Medio Oriente.
Así, en 1843, el compositor romántico alemán Robert Schumann, tocado por la atemporalidad y la profundidad del tema, compuso una conmovedora obra para coro y orquesta basada en el segundo canto del Poeta Velado de Lalla Rookh, “El Paraíso y la Peri”. Según la leyenda, mientras trabajaba en su oratorio, el gran músico oía los susurros de una voz de otro mundo que le daba ánimo en los pasajes difíciles.
En la narración, el Ángel de la Puerta del Cielo le dice a la Peri —un ángel en desgracia— que debe traer un regalo perfecto y solo así le permitirá entrar en el Paraíso. La música, y mi bagaje de migrante, me hacen ver a la bellísima y triste Peri descender a una tierra asolada por la guerra —en mi visión, la tierra venezolana dejada atrás— donde un tirano ejerce el poder. La Peri, con espanto, presencia la muerte de un joven apodado Neon, que desafiaba al tirano con un escudo de cartón. Recoge con dulzura una gota de su sangre derramada en una avenida de Caracas, mi ciudad. Pero la sangre de Neon no es perfecta para el Ángel de la Puerta, y la Peri debe regresar a la tierra.
En su segundo intento —no en Egipto, como en el cuento, sino otra vez en mi tierra venezolana— recoge el último suspiro de una madre indígena en trabajo de parto, cuyo bebé murió en su vientre mientras esperaban durante días la ambulancia que debía trasladarlos desde la inmensidad de la Gran Sabana hasta el hospital de maternidad más cercano. La Peri lleva, además, por si acaso, el suspiro del consternado chofer de la ambulancia que, en vez de un nacimiento, ahora transportaba dos cadáveres. Pero vuelve a ser rechazada y desciende una vez más a Venezuela… Esta vez da con las lágrimas de un viejo y enfermo pecador que llora arrepentido mientras observa a una joven rezar por él.
Oh, bella Peri, ni tú ni yo entendemos por qué este regalo —y no los otros— le parece perfecto al Ángel de la Puerta. Pero esta vez tienes suerte: se apiada de ti.
***
Tres horrendas noticias llegan hoy para el pueblo de la Peri desde su país, Irán. La joven Melika Azizi, de 18 años, será ahorcada mañana por preguntar: “¿Cómo puedo permanecer en silencio?”. La ha condenado un barbudo carcamal que dice ser juez.
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| Melika Azizi |
Ayer, el verdugo ejecutó al campeón de lucha libre Saleh Mohammadi, de 19 años, y a dos de sus amigos. Es posible que les hayan cortado la cabeza, como a Robert Emmet.
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| Saleh Mohammadi |
Los jardines de tulipanes de Ámsterdam florecen solo ocho semanas al año, con millones de flores que forman una obra de arte.
Este es el poema de Lalla Rookh hoy para Irán.
Notas
\* Fragmento del poema “O, Breathe Not His Name”, de Thomas Moore, según la versión
consultada en Poetry Foundation.
\** Reflexión de Percy Bysshe Shelley sobre la sensibilidad irlandesa y el espíritu emocional
presente en la obra de Thomas Moore.







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