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Durante años, el Ártico fue observado como una frontera lejana, casi simbólica
Hoy es uno de los espacios más vigilados del planeta. Bajo el hielo, lejos de radares y titulares, los submarinos se han convertido en el verdadero termómetro militar de la región. Y en ese terreno, Rusia domina con claridad, mientras China avanza con cautela pero con ambición.
Rusia: la potencia submarina del Ártico
Para Rusia, el Ártico no es un escenario nuevo, sino parte estructural de su doctrina militar. Desde la época soviética, Moscú ha desarrollado una red de bases, infraestructuras y rutas submarinas que le permiten operar de forma sostenida en aguas polares.
El núcleo de esa presencia lo forman los submarinos estratégicos de la clase Borei y Borei-A. Se trata de submarinos nucleares lanzamisiles balísticos diseñados para garantizar la disuasión nuclear rusa. Operan desde bases del norte y están preparados para patrullar bajo el hielo durante largos periodos, portando misiles Bulava con capacidad nuclear intercontinental.
A su lado operan los submarinos de ataque de la clase Yasen y Yasen-M, considerados entre los más avanzados del arsenal ruso. Estos sumergibles combinan misiones de caza de submarinos enemigos con capacidad ofensiva de largo alcance mediante misiles de crucero Kalibr y, según fuentes occidentales, la posible integración de misiles hipersónicos Zircon. Su bajo nivel de ruido y su autonomía los convierten en piezas clave para el control del Ártico.
La misión rusa es clara: proteger sus rutas polares, asegurar el paso de sus submarinos estratégicos, vigilar la actividad de la OTAN y mantener una capacidad de respuesta creíble desde una región que considera vital para su seguridad nacional.
China: interés estratégico, presencia limitada
La situación de China es muy distinta. Pekín no dispone de bases en el Ártico ni de una presencia submarina permanente comparable a la rusa. Sin embargo, su interés por la región es creciente y explícito, tanto en documentos estratégicos como en su actividad naval global.
China ha desarrollado en los últimos años una flota de submarinos nucleares que, sobre el papel, podría operar en latitudes árticas. Los submarinos estratégicos de la clase Type 094, armados con misiles balísticos JL-2 y en el futuro JL-3, forman parte de su fuerza de disuasión nuclear. A ellos se suman los submarinos de ataque nuclear Type 093, diseñados para escolta, patrulla y misiones de interdicción.
Lo que diferencia a China no es tanto la tecnología como el contexto. Las evidencias públicas de patrullas submarinas chinas en el Ártico son escasas y, en muchos casos, indirectas. Analistas occidentales consideran plausible que China haya realizado o esté preparando operaciones de larga distancia, pero no existe confirmación abierta de una presencia regular bajo el hielo ártico.
Pekín combina su avance militar con una intensa actividad científica y logística en la región, lo que alimenta la percepción de una estrategia gradual: primero conocimiento, después acceso, finalmente presencia.
Tecnología, silencio y control del fondo marino
En el Ártico, la clave no es la velocidad ni la potencia visible, sino el silencio. Los submarinos modernos operan con sistemas avanzados de reducción acústica, sonares de largo alcance y capacidades de navegación bajo hielo que permiten permanecer ocultos durante semanas o meses.
Además de armamento, estos submarinos recopilan inteligencia, cartografían el fondo marino y vigilan infraestructuras críticas como cables submarinos y rutas energéticas. El control del subsuelo oceánico se ha convertido en una dimensión estratégica tan relevante como el espacio aéreo.
Un tablero que se calienta bajo el hielo
Rusia utiliza el Ártico como escudo y plataforma de disuasión. China lo observa como una oportunidad a largo plazo. Entre ambos, el silencio submarino se llena de señales, sensores y maniobras que rara vez salen a la superficie.
No hay batallas visibles ni comunicados diarios. Solo trayectorias ocultas bajo el hielo que confirman una realidad incómoda: el Ártico ya no es un espacio neutral, aunque la guerra que allí se libra sea invisible.







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