🌙 Cuentos para una Noche de Invierno
Tres historias. Una sola pregunta: ¿estás solo?
1 · La Casa que Respiraba
Cuando Marta alquiló la casa rural en la sierra, lo hizo buscando silencio.
La primera noche, lo encontró.
La segunda, también.
La tercera, empezó a escuchar la respiración.
No era fuerte. No era humana. Era profunda. Lenta. Como si la propia casa inhalara y exhalara por las paredes.
Pensó que era el viento colándose por las vigas antiguas.
Hasta que la respiración cambió de ritmo.
Se aceleró.
Se detuvo.
Y entonces… alguien llamó desde dentro del armario.
Tres golpes.
Marta se quedó helada. El armario estaba empotrado en la pared. No tenía fondo. Daba directamente al muro.
—No abras —susurró algo, desde el otro lado.
Pero ella ya había puesto la mano en el tirador.
Lo que encontró dentro no fue una persona.
Fue otra habitación.
Iluminada.
Y al fondo, alguien mirándola… exactamente igual que ella.
Con el mismo pijama.
Pero sonriendo.
La primera noche, lo encontró.
La segunda, también.
La tercera, empezó a escuchar la respiración.
No era fuerte. No era humana. Era profunda. Lenta. Como si la propia casa inhalara y exhalara por las paredes.
Pensó que era el viento colándose por las vigas antiguas.
Hasta que la respiración cambió de ritmo.
Se aceleró.
Se detuvo.
Y entonces… alguien llamó desde dentro del armario.
Tres golpes.
Marta se quedó helada. El armario estaba empotrado en la pared. No tenía fondo. Daba directamente al muro.
—No abras —susurró algo, desde el otro lado.
Pero ella ya había puesto la mano en el tirador.
Lo que encontró dentro no fue una persona.
Fue otra habitación.
Iluminada.
Y al fondo, alguien mirándola… exactamente igual que ella.
Con el mismo pijama.
Pero sonriendo.
2 · El Mensaje a las 3:17
A las 3:17 de la madrugada, el móvil de Andrés vibró.
Número desconocido.
Dos minutos después:
Bloqueó el número.
A las 3:21, otro mensaje.
Esta vez, una foto.
Era su casa.
Desde dentro.
Desde el pasillo.
Con la puerta de su dormitorio cerrada.
Con la luz encendida debajo de la puerta.
Con él… justo al otro lado.
Andrés se levantó de la cama lentamente.
Abrió la puerta.
El pasillo estaba oscuro.
Silencioso.
Vacío.
Número desconocido.
“No deberías estar en esa casa.”
Pensó que era una broma. Lo ignoró.Dos minutos después:
“Están más cerca de lo que crees.”
Miró por la ventana. Nieve cayendo. Calle vacía.Bloqueó el número.
A las 3:21, otro mensaje.
Esta vez, una foto.
Era su casa.
Desde dentro.
Desde el pasillo.
Con la puerta de su dormitorio cerrada.
Con la luz encendida debajo de la puerta.
Con él… justo al otro lado.
Andrés se levantó de la cama lentamente.
Abrió la puerta.
El pasillo estaba oscuro.
Silencioso.
Vacío.
“Ahora mira detrás de ti.”
3 · El Vecino del 4B
En invierno el edificio siempre estaba más callado.
El vecino del 4B llevaba semanas sin salir. Nadie lo veía. Nadie lo oía.
Hasta que una noche empezó el sonido.
Arrastrar.
Golpear.
Arrastrar.
Como si moviera muebles a las tres de la mañana.
La comunidad decidió llamar a la policía.
Cuando entraron, el piso estaba completamente vacío.
Sin muebles.
Sin cajas.
Sin polvo.
Sin nadie viviendo allí desde hacía años.
Pero en la pared del salón, escrito con algo oscuro, había una frase:
Por fuera.
El vecino del 4B llevaba semanas sin salir. Nadie lo veía. Nadie lo oía.
Hasta que una noche empezó el sonido.
Arrastrar.
Golpear.
Arrastrar.
Como si moviera muebles a las tres de la mañana.
La comunidad decidió llamar a la policía.
Cuando entraron, el piso estaba completamente vacío.
Sin muebles.
Sin cajas.
Sin polvo.
Sin nadie viviendo allí desde hacía años.
Pero en la pared del salón, escrito con algo oscuro, había una frase:
“Gracias por escucharme.”
Y justo debajo… la marca reciente de algo pesado arrastrándose hacia la puerta.Por fuera.
FIN… O TAL VEZ NO


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