DEL ROTRING A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La herramienta cambia, el artista permanece
Hoy puedo conseguir en segundos resultados que antes exigían jornadas enteras de trabajo.
¿Significa eso que la inteligencia artificial ha sustituido al artista? Yo creo que no. Lo que ha cambiado es la herramienta.
CUANDO DIBUJAR ERA TAMBIÉN UN OFICIO
Pertenezco a una generación de artistas y diseñadores que aprendimos a trabajar con las manos.
El lápiz, el pincel, el aerógrafo, el Rotring, la escuadra, el cartabón y el paralex formaban parte de nuestro universo cotidiano.
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| Acuarela, aerógrafo y lápiz. Ilustración que posteriormente se ha utilizado para el rótulo de un queso. |
Cada instrumento tenía su función, sus posibilidades y también sus limitaciones.
El Rotring exigía precisión. El aerógrafo requería controlar la presión, la distancia y la intensidad del color. El pincel respondía a la sensibilidad de la mano. El lápiz permitía buscar, corregir y construir una idea desde sus primeros trazos.
No existía un botón para deshacer el último movimiento.
Un error podía obligarnos a repetir una parte importante del trabajo. En ocasiones, incluso a comenzar de nuevo.
Pero aquel proceso tenía algo extraordinario: nos enseñaba a observar, a tener paciencia, a comprender la composición y a desarrollar una relación muy personal con las herramientas.
Aprendíamos a pensar visualmente.
DE LAS HORAS A LOS SEGUNDOS
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| Ilustración realizada con aerógrafo, guache, pincel y lápices de colores |
Recuerdo trabajos de ilustración que requerían muchas horas de dedicación. Algunos podían prolongarse durante días.
Había que preparar los materiales, realizar bocetos, estudiar las proporciones, resolver los problemas técnicos y ejecutar cuidadosamente cada detalle.
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| Herramienta digital (Adobe illustrator), proceso analógico, interpretación artística. Varias horas de trabajo. |
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| Herramienta digital (Adobe illustrator), proceso analógico, interpretación artística. Varias horas de trabajo. |
Hoy, utilizando herramientas de inteligencia artificial, puedo obtener una imagen compleja en cuestión de segundos.
Y no deja de sorprenderme.
Puedo imaginar una escena, describir su iluminación, decidir el encuadre, modificar la perspectiva o cambiar completamente su atmósfera.
Si el resultado no responde a lo que busco, puedo corregirlo y generar una nueva versión.
Lo que antes exigía una considerable inversión de tiempo en la ejecución técnica ahora puede resolverse con una rapidez extraordinaria.
Pero esa velocidad no significa que haya desaparecido la creatividad.
Significa que puedo dedicar más tiempo a pensar qué quiero crear y menos a resolver determinadas dificultades materiales.
DOS DIBUJANTES, UN MISMO LÁPIZ
Hay una reflexión que considero fundamental para comprender el papel de la inteligencia artificial en la creación artística.
Si entregamos el mismo lápiz a dos dibujantes, con idénticas condiciones y materiales, obtendremos dos dibujos diferentes.
¿Por qué?
Porque el lápiz no decide qué dibujar.
Cada artista aporta su sensibilidad, su formación, sus conocimientos, sus experiencias y su particular manera de interpretar el mundo.
Lo mismo sucede con un pincel, un aerógrafo o una cámara fotográfica.
Y considero que algo semejante ocurre con la inteligencia artificial.
Dos personas pueden utilizar exactamente la misma herramienta y obtener resultados completamente distintos.
Una puede conformarse con la primera imagen generada. Otra puede trabajar sobre la composición, corregir la iluminación, modificar los elementos, buscar una atmósfera determinada y repetir el proceso hasta encontrar aquello que realmente desea expresar.
La diferencia está en la intención creativa y en las decisiones que acompañan al proceso.
Naturalmente, no todas las imágenes generadas mediante inteligencia artificial implican el mismo grado de intervención humana. Pero cuando existe una dirección artística consciente, hay una aportación creativa que merece ser reconocida.
LA TECNOLOGÍA NUNCA HA DEJADO DE TRANSFORMAR EL ARTE
La historia del arte también es la historia de sus herramientas.
La aparición de nuevos pigmentos, los avances en las técnicas de impresión, la fotografía, el cine y posteriormente los programas informáticos modificaron profundamente las posibilidades de la creación visual.
Cada transformación despertó entusiasmo, pero también dudas y resistencias.
La fotografía no acabó con la pintura. La transformó y abrió nuevas posibilidades expresivas.
El diseño digital tampoco eliminó necesariamente el valor del dibujo tradicional. Introdujo otras formas de trabajar.
Hoy estamos viviendo otra transformación de enorme alcance.
La inteligencia artificial permite producir imágenes, explorar conceptos y experimentar con soluciones visuales que antes podían exigir grandes recursos técnicos y económicos.
Eso no significa que debamos abandonar las técnicas tradicionales.
Un dibujo realizado a mano conserva cualidades materiales y expresivas propias. Una pintura original mantiene una relación física con su autor que una imagen digital no reproduce de la misma manera.
No necesitamos enfrentar unas técnicas con otras.
Podemos reconocer el valor de todas ellas.
LA EXPERIENCIA NO DESAPARECE: SE TRANSFORMA
Cuando utilizo inteligencia artificial para crear una ilustración, no siento que todos aquellos años de aprendizaje hayan perdido su valor.
Al contrario.
Mi experiencia me ayuda a reconocer cuándo una imagen funciona y cuándo no.
Puedo valorar su composición, el equilibrio de sus elementos, la dirección de la luz, las proporciones y la fuerza visual del resultado.
Son conocimientos adquiridos durante años de práctica.
La inteligencia artificial puede acelerar la producción, pero no convierte automáticamente a cualquier usuario en un artista experimentado.
La sensibilidad estética, el criterio y la capacidad de comunicar una idea siguen teniendo una importancia fundamental.
Y existe algo especialmente estimulante: ahora puedo experimentar mucho más.
Puedo probar alternativas, explorar composiciones y desarrollar ideas que antes quizá habría descartado por el tiempo necesario para ejecutarlas.
Para alguien que ha dedicado parte de su vida a la creación visual, esa libertad resulta extraordinaria.
CREAR CON RESPONSABILIDAD
Defender las posibilidades creativas de la inteligencia artificial no significa ignorar sus problemas.
Existen debates legítimos sobre los derechos de autor, la utilización de obras para entrenar modelos, las condiciones de trabajo de los creadores y la autenticidad de las imágenes.
También debemos distinguir claramente entre una fotografía que documenta un acontecimiento real y una ilustración generada artificialmente.
En el periodismo, esta diferencia es especialmente importante.
Una imagen creada con IA puede servir para explicar un fenómeno científico, ilustrar un concepto o acompañar un reportaje.
Pero no debe presentarse como prueba visual de un hecho que no ha sido fotografiado.
Por eso considero acertado identificar las imágenes generadas mediante inteligencia artificial.
En Planeta Universal Baleares hemos optado por utilizar un pequeño distintivo dorado con las letras AI.
Es una manera sencilla de comunicar al lector que está contemplando una recreación digital y no necesariamente una fotografía documental.
La transparencia no limita nuestra creatividad.
La hace más responsable.
EL ARTISTA SIGUE SIENDO NECESARIO
No sé cómo evolucionarán estas tecnologías durante los próximos años.
Probablemente nos sorprenderán con posibilidades que hoy apenas podemos imaginar.
Pero hay algo que tengo claro: una herramienta, por poderosa que sea, no sustituye automáticamente la experiencia humana, la intención artística ni la necesidad de expresar algo.
El arte no consiste únicamente en producir imágenes.
Consiste también en observar, interpretar, seleccionar, emocionar y comunicar.
Ayer utilizábamos lápices, pinceles, aerógrafos y reglas.
Hoy incorporamos pantallas, programas digitales e inteligencia artificial.
Mañana aparecerán nuevas herramientas.
Y cada generación tendrá que aprender a utilizarlas con inteligencia, sensibilidad y responsabilidad.
Personalmente, no contemplo esta transformación con nostalgia ni con temor.
La observo con la curiosidad de quien sigue considerándose un aprendiz.
Porque después de tantos años, todavía encuentro algo nuevo que aprender.
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| Cristo Redentor, Río de Janeiro / Acrílico sobre tela de yute. |
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