UN TESORO ROMANO DE 350 KILOS, A TRES METROS BAJO EL MAR DE MALLORCA
Permanecía bajo las aguas del norte de Mallorca, muy cerca de la costa y a una profundidad sorprendentemente pequeña. Apenas tres metros de agua separaban de la superficie una pieza que llevaba allí el recuerdo de la navegación mediterránea de hace casi dos mil años.
Se trata de un cepo perteneciente al ancla de una embarcación de época romana, datado entre los siglos I y II después de Cristo y con un peso estimado de aproximadamente 350 kilogramos.
Una pieza conocida desde hacía años
La presencia del cepo no era desconocida para los especialistas. Los agentes del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil conocían su ubicación desde hacía varios años y realizaban inspecciones periódicas dentro de las labores de protección del patrimonio histórico sumergido.
Fue precisamente durante una de estas revisiones cuando los especialistas observaron algo preocupante: la pieza había sido manipulada, aparentemente con la intención de extraerla.
La situación fue comunicada al Departamento de Patrimonio del Consell de Mallorca. Ante el riesgo de que pudiera ser extraída, se decidió trasladarla a otro emplazamiento donde pudiera permanecer protegida.
Una operación bajo el Mediterráneo
La intervención se realizó el jueves 24 de septiembre. Dos especialistas del GEAS descendieron hasta la pieza para preparar una operación complicada por su enorme peso.
Para levantar del fondo un objeto de aproximadamente 350 kilos se utilizaron globos elevadores, dispositivos empleados en trabajos submarinos para proporcionar flotabilidad y permitir mover grandes cargas bajo el agua.
Una vez reflotado, el cepo fue desplazado hasta una nueva ubicación, previamente seleccionada por un representante del área de Patrimonio del Consell de Mallorca, que acompañó a los agentes durante la actuación. Allí quedó nuevamente depositado bajo el mar.
¿Qué es el cepo de un ancla romana?
La pieza trasladada no es el ancla completa. Es uno de sus elementos fundamentales: el cepo.
En este tipo de anclas antiguas, el cepo era una pesada pieza transversal que ayudaba a orientar el ancla al llegar al fondo.
Su función era favorecer que una de las uñas del ancla quedara en posición adecuada para penetrar en el fondo marino y proporcionar así un agarre eficaz a la embarcación.
En las anclas antiguas mediterráneas, buena parte de la estructura podía estar construida en madera. El cepo, en cambio, podía fabricarse con materiales pesados como el plomo. Por ello, estos elementos pueden sobrevivir durante siglos incluso cuando las partes orgánicas del antiguo sistema de fondeo han desaparecido.
Mallorca y las rutas del Mediterráneo romano
La datación de la pieza entre los siglos I y II d. C. la sitúa en plena época del Imperio Romano, cuando el Mediterráneo constituía una inmensa red de navegación por la que circulaban mercancías, personas y embarcaciones entre numerosos puertos.
El cepo conservado bajo las aguas mallorquinas es, por tanto, mucho más que una gran pieza de metal. Es un vestigio material de aquella navegación y de las embarcaciones que hace cerca de dos mil años surcaban las mismas aguas que hoy rodean Mallorca.
A apenas tres metros de profundidad, una pieza de 350 kilos ha sobrevivido al paso de los siglos. Ahora seguirá bajo las aguas de Mallorca, pero en un lugar elegido para que una parte de la historia marítima de la isla permanezca protegida.
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