El segundo enlace eléctrico submarino entre la Península y Baleares es, sin discusión, una de las infraestructuras más ambiciosas y necesarias para el archipiélago. Considerado "estratégico" por el Gobierno central y el Govern balear, su objetivo es doble: descarbonizar el sistema eléctrico y garantizar el suministro ante el crecimiento de la demanda.
Incluido en la Planificación de la red de transporte 2021-2026, el proyecto conectará la estación conversora de Fadrell (Castellón) con la nueva estación de San Martín (Mallorca) a través de un cable de corriente continua de ±250 kV y 400 MW de capacidad. La inversión total para Baleares supera los 1.200 millones de euros en esta planificación.
~400 km
400 MW
65% anual
905 kt/año
149 millones €
263,4 millones €
El proyecto ha generado un intenso debate social, especialmente en el municipio de Alcúdia, donde el cable toma tierra. Vecinos y colectivos ecologistas han mostrado su preocupación por el impacto ambiental y urbanístico de la infraestructura en tierra.
Para desactivar el conflicto, en julio de 2024 se alcanzó un acuerdo histórico entre todas las administraciones implicadas: la secretaria de Estado de Energía (Sara Aagesen), la presidenta del Govern (Marga Prohens), la alcaldesa de Alcúdia (Fina Linares), la presidenta de Redeia (Beatriz Corredor) y representantes de la Plataforma vecinal VAAC.
- La creación de un grupo de trabajo para formular alternativas de trazado.
- La priorización del uso de caminos y carreteras públicas para minimizar la afección al territorio.
Red Eléctrica, por su parte, asegura que ya ha integrado sugerencias vecinales como el soterramiento total del tramo final en Alcúdia, aunque el malestar persiste entre los residentes, que temen la ocupación de suelo rústico y la pérdida de valor paisajístico.
El proyecto se encuentra actualmente en fase de evaluación de impacto ambiental ordinaria, un trámite clave que debe superar antes de recibir la autorización administrativa previa y la declaración de utilidad pública.
El BOE ha publicado recientemente las adendas a los proyectos ejecutivos y al estudio de impacto ambiental, que incorporan los cambios derivados del proceso de información pública y del consenso con los vecinos.
Los expertos coinciden en que el segundo enlace es una pieza necesaria pero no suficiente. Sin un despliegue masivo de energías renovables en las islas y sin baterías de almacenamiento, el cable podría convertirse en un mero "trampolín" de electricidad peninsular, en lugar de un acelerador de la transición energética balear.
Lo que está claro: el cable llega, guste o no. El desafío ahora es que su integración territorial sea lo menos traumática posible.
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