Este año, en los albores de la primavera, la cristiana Semana Santa vuelve para abrir un paréntesis en el mundo global que se enmarca en un decidido cántico para nuestros adentros, desde el respeto a lo conocido y a lo próximo a conocer, y que se refugia en un todo de reflexión y propuestas de mejorar los comportamientos.
Mañana, al filo del atardecer, volverán, como cada año en Palma, a escucharse los tambores, a menos repicar que por costumbre ocurre en otros días; volverán a quemar cirios, regalimando su cera hasta el firme duro de la calzada; volverán a arrastrar sus cadenas prendidas de una argolla a los tobillos de los nazarenos; volverán a sonar los compases de la melodía triste de las bandas de música; volverán a desfilar con rigor los pasos que representan la muerte de Jesús, clavado de pies y manos en un madero; volverán a desfilar, con el paso cansino y respetuoso, los portadores de unas túnicas con fin en el capirote y la cara cubierta, para que sus ojos asomen por unos agujeros que franquean la mirada; volverán los nazarenos a repartir caramelos y chucherías a los niños y mayores que encauzan un desfile por las calles de las ciudades, pueblos y aldeas, con el sepulcral silencio magnífico de las horas.
Al final de la procesión, se entronizará la imagen del Cristo de la Sangre, y si alguien recuerda alguna oración, la recita sin levantar la voz, como si de un suspiro silencioso se tratara.
Los suspiros son remedios a una vivida melancolía. El silencio cobija aquel recogimiento al que nos ha llevado un mucho hablar en otro destino. Y el suspiro, exhalado tras un amortajado silencio, conjuga el verdadero pensamiento al que nos ha llevado el recuerdo.
Paz interior que ha sido creada por un suspiro y el silencio. Nos hace más fuertes en el seno de su endeblez, porque no se encierra en su lamento. En ese caso, la oración toma las formas de las peticiones, y pocos son los que agradecen el resultado positivo de su vida. Por eso la oración es tan simple como lo es el deseo franco de quien la reza.
Yo hoy quiero acercarme al poeta RAFAEL MONTESINOS, porque nada quiero pedir y sí, en cambio, hacer un acto de contrición, ya que mucho esperé y, quién sabe, si lo que hacía era usar un refugio para que se cumpliera la esperanza. Por eso, en mi rezo…
Hoy te traigo, Señor, esta tristeza
de saberme sin gozo y sin herida;
hoy te traigo, Señor, esta dolida
voz de arrepentimiento que te reza.
Te devolví en espinas y aspereza
la miel que derramaste por mi vida.
Sálvame Tú, Señor, esta vencida
primavera de angustia que ahora empieza.
Si malgasté un amor, y otro a mi lado
dejé morir sin luz en la cadena
candente de la carne amarga y triste,
hoy te vuelvo lo poco que he salvado;
porque, Señor, la angustia que me llena
mayor pudo haber sido, y no quisiste.
Frédéric Chopin: Nocturno Op. 9 No. 2 | Marisa Blanes piano
Una pieza que acompaña la reflexión y el recogimiento del texto
El Nocturno que, para la música eterna, escribiera Frédéric Chopin, nos lleva en un amparo por el tiempo que, al pestañear las teclas del piano de Marisa Blanes, hace que a los ojos les impida la visión y se refugien en nuestra luna, casquivana algunas veces, y de recogimiento la mayoría de ellas.
Una expresión en cualquier tiempo y en cualquier hora, yo quiero compartirla con los que amo, con los que me han ofendido en alguna ocasión, los que también me han vanagloriado y aquellos que, sabiendo lo que soy, no me guardan cuidado ni recelan con mi caminar cansado, como si por las calles de Jerusalén llevara a mis espaldas, y cargada sobre uno de mis hombros, la cruz que arrastró un día, como mañana jueves, el mismísimo Jesús.
A veces, en esa noche de luna enlutada por alguna nube, parece que escucho aquella exclamación del propio hijo de Dios…
“Os doy un mandamiento nuevo,
que os améis los unos a los otros”
Y observaréis que, a su cumplimiento, el alma se serena y el cuerpo se relaja. Nada hay que importe más que un alma inquieta mientras se afana por buscar la tranquilidad del cuerpo.
Por eso su cuerpo se abandonó en aquel Gólgota de la historia, al compás del cerrazón de sus pestañas. El Rey de los Judíos marcó el principio de un tiempo que superó aquella gran oscuridad que precedió a las tempestades.
En nuestras tierras rebusco entre los poetas de todo tiempo y encuentro algún trozo de soneto que firmó Julio Mariscal Montes:
Nombre: Jesús. El hijo de María.
Nació en Belén. Oficio: carpintero.
Treinta años puliéndose el madero
para tres lentas horas de agonía.
No es difícil encontrar la España que se mueve en estos días entre los pliegues de la túnica del nazareno, en donde me llega la poesía que en 1914 escribiera Antonio Machado y a la que dio por título: La Saeta.
Después, el autor de aquella sentencia:
“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”
Dejó abierto ese texto al que Joan Manuel Serrat le puso música y que escucharemos en su voz una vez recitado el propio texto de Machado.
¡Oh!, la saeta al cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar.
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
La Saeta
Joan Manuel Serrat
La saeta que atraviesa el tiempo y emociona en cada primavera
❓ Preguntas frecuentes sobre el artículo
¿De qué trata este artículo de opinión?
Es una reflexión personal sobre la Semana Santa, el silencio interior, la memoria y la espiritualidad, combinando literatura, música y tradición.
¿Qué papel tiene la poesía en el texto?
La poesía actúa como eje emocional del artículo, con referencias a Rafael Montesinos, Antonio Machado y otros autores que refuerzan el tono reflexivo.
¿Por qué se menciona la música en el artículo?
La música, especialmente obras como el Nocturno de Chopin o “La Saeta” de Serrat, acompaña la reflexión y aporta una dimensión emocional más profunda.
¿Qué representa la Semana Santa en este texto?
Representa un tiempo de pausa, introspección y conexión con lo espiritual, más allá de lo religioso, desde una mirada personal y humana.
¿Quién es el autor del artículo?
El texto pertenece a Víctor Gistau, autor con una trayectoria Profesional vinculada al ámbito institucional y comunicativo en Baleares. Exjefe de Relaciones Públicas y Protocolo del Govern balear.

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