MAJAPO: LA CREATIVIDAD DE UN ARTISTA QUE SE MUEVE ENTRE
LA INNOVACIÓN, LA ESPIRITUALIDAD Y LA TERNURA
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Pretendo innovar- me dice- y, dentro de su innata modestia, aclara que eso no debe conducirnos a la idea de que algo por ser algo moderno es algo mejor.
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Reconoce que él es muy crítico consigo mismo y afirma que el artista, cuando hace pública su obra, arriesga mucho, pues lo que cuenta ya no es su propia autocrítica sino la crítica y la opinión de quien percibe el resultado.
En este punto he de aclarar que Mateo dijo, expresamente, la opinión del espectador. Yo, sin embargo, me he tomado la licencia de hablar en términos de “percepción de un resultado” porque considero que, en el mundo del arte, esta sensación de riesgo la tenemos y la tienen todos aquellos que se atreven a exponer ante el público una obra sea cual fuere su naturaleza (pictórica, musical, literaria etc.)
Para Mateo importa el sentimiento y la innovación. Sabe que, en el mundo de las artes plásticas, cada vez se hacen más cosas y que resulta muy difícil innovar. Por ese motivo, a veces se siente tentado por un minimalismo que se convierte en el punto de partida de una eclosión de formas y colores que nos conducen a mundos verdaderamente oníricos.
Majapo no tiene formación en bellas artes, sin embargo, para él, el hecho de pintar siempre fue algo muy instintivo y necesario porque necesitaba expresar algo. Tiene obras de juventud en la que destacan formas simples sobre fondo blanco, pero esos fondos blancos, con el tiempo, y sobre todo en estos últimos veinte años, han derivado en grandes lienzos absolutamente impresionantes.
En esos grandes lienzos destacan los colores cálidos; sobre todo los naranjas, rojos y amarillos. En ellos descubrimos formas inquietantes de personas, personajes y objetos que obedecen al pincel del artista en su afán de evitar el vacío. Platillos volantes, serpientes, tranvías y globos serpentean entre antropomorfos que pululan sobre una superficie llena de simbolismo y espiritualidad.
He de señalar que, cuando conocí la obra de Majapo, me planteé la duda de saber quiénes tienen más peso en ese mundo tan singular: ¿Los pequeños personajes aparentemente dóciles que parecen pasar por la vida sin nada que decir, o los rostros llenos de expresión entre gamas de colores? En nuestra conversación, el artista me ha resuelto el dilema, pues me habla de personajes tiernos, siempre presentes en su obra,
que pasan por la vida sin sombras y que, sin ser conscientes de que tienen vida, tienen alma y corazón.
En el paseo que he realizado a lo largo de sus pinturas, una de las obras que más me ha llamado la atención ha sido un cuadro de Velázquez en el que el pintor del Siglo de Oro se ve delante de una mesa donde le sirven queso, embutido, jamón y vino. En su mano derecha sostiene una copa, cuyo cuello es un sencillo antropomorfo, apenas esbozado, que, sin embargo, tiene la fuerza de quien está sosteniendo el mundo. En la gola que rodea el cuello de Velázquez vuelven a aparecer esos seres diminutos que ahora no sostienen, sino que parecen manejar con ahínco una maquinaria. No sé qué me diría el autor al respecto, pero yo estoy casi segura de que Mateo se refiere de nuevo a una maquinaria que percibimos sin ser vista porque es la maquinaria de un mundo que continúa vivo gracias al anonimato de quienes lo sostienen y que somos nosotros mismos.


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