"Luz de Luna"
EL ENANITO AZUL
Esta semana pasada querida Luna, te has mecido en un ir y venir por entre los sueños y los pensamientos, entre el desasosiego y la esperanza, entre los proyectos y el devenir de la realidad, entre la lucha y la tranquilidad, entre un corazón roto y otro bienaventurado feliz.
Y aquí, iluminada luna, rescato y transcribo un cuento que te hablará de amor entre un enanito azul y una princesita en forma de carta no publicada.
Que quien lo escuche, querida luna, le ponga imágenes…
“Mi querida Princesa.
Hace frio fuera de tu habitación y aunque me enloquece caminar a escondidas por entre los pliegues de la noche, hoy más que nunca he deseado sumergirme en el calor dulce y misericordioso que propagan las sábanas de tu lecho.
Soy un enanito azul que vive en ti desde aquel pórtico de la primavera de hace ya muchísimos años, y cada segundo de mi vida lo dedico a poseer tus pensamientos y a velar tus sueños.
Soy un diminuto personaje que se hace tuyo porque tuya quiere ser la esencia de su vida. Camino algunas veces con cautela por entre tu cabello negro como el fin de la noche previo a un amanecer sobre nuestra marina, y otras como un preámbulo sin intensidad de un anochecer sobre las nubes y el cielo. Me gusta protegerlo cuando el viento lo acaricia y me refugio en tus párpados cuando los aprietas para proteger tus espectáculares ojos de ataques impertinentes.
A veces me deslizo muy despacio hasta la comisura de tus labios, y pasando suavemente sobre ellos, los amo con la misma intensidad de la pasión y el sentimiento. Cuando ríes me pego a tus dientes y lamento no ser un enanito forzudo para situarme entre ellos y evitar que nunca puedan cerrar el paso a tu sonrisa.
Soy feliz cuando tú lo eres, y muy desgraciado cuando estás triste. Seguramente porque pienso que la tristeza es la antesala del llanto.
Ayer la Luna se escondió deprisa y en mi carroza de estrellas navegué veloz en su búsqueda para reñirte. Sentía vergüenza porque no fuiste capaz de hacerle bella la noche, de envolverte en nubes de algodón y arrullarte como la mujer mimosa que eres.
Le dije que su silencio de amor era culpable de alta traición porque no se puede engañar a quien se entrega en paz y sosiego al respeto sereno de la noche. Y la pronostiqué, otra vez, un castigo eterno; a existir sin ser vista durante el día, y a pasar desapercibida al anochecer si tu mirada nubla el firmamento.
Mi amor, ahora bostezo y me alcanza el sueño. Ha llegado mi hora… yo duermo cuando tú vives despierta. Volveré más tarde para ser el centinela de tus sueños, para ser el vigía de los latidos de tu corazón, para sentir tu respiración acompasada y tranquila.
Volveré con la noche… ahora duermo. ¡Buenos días mi amor!”
Y por la noche volviste mi adorada luna y os fundisteis en un parecer casi humano, la luna y el enanito azul dejando para siempre el recuerdo de aquello fue la auténtica Leyenda del beso.

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