CRÓNICA URBANA
El lento despertar
...otro día cualquier sonaría el despertador, pero hoy es domingo. Y el domingo tiene otro sonido. Es el silencio de las obras que descansan, de los coches que madrugan menos, de las persianas que suben más tarde. La ciudad bosteza, se estira en la cama, saborea ese café que entre semana se bebe de pie.
Afuera, en la calle, sólo un par de almas madrugadoras: el panadero que abre ya su tercera hora, un corredor con auriculares y esa señora de siempre con su carrito de la compra, que pasea más que compra. Las persianas de los comercios siguen abajo, los bostezos de las farolas se apagan con la luz que llega, y el asfalto, aún húmedo, refleja un cielo que empieza a clarear sin prisa.
Huele a cruasán recién hecho y a silencio. Un silencio que no es vacío, es pausa. Es el domingo que se despereza, sin prisa, sabiendo que aún queda todo un día por delante. Un día que no mira el reloj. Un día en el que las horas se estiran como un gato al sol, sin compromisos, sin horarios, sin nada que hacer salvo, quizá, nada.
En los portales, los periódicos esperan doblados. En las panaderías, la cola crece despacio, con conversaciones de buen rollo: el partido de ayer, el plan de hoy, el tiempo que no termina de decidirse. Los pocos coches que pasan parecen hacerlo con permiso especial, como si pidieran perdón por romper la calma. En algún piso, suena el primer café y el crujido de una tostada.
La ciudad, por unas horas, es nuestra. De los que madrugamos sin deber, de los que paseamos al perro más despacio, de los que miramos el escaparate sin prisa por comprar. Todo está por hacer, y por eso mismo, no hay nada que hacer.
Es domingo. Y el domingo huele a futuro en pijama.



0 Comentarios
Gracias por dejar su comentario en Planeta Latino Baleares. No dude en dirigirse a nuestro equipo de redacción para cualquier sugerencia u observación. Comentarios ofensivos serán borrados y el usuario bloqueado. Planeta Latino Baleares no se hace responsable de los comentarios publicados por los lectores.