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Televisión, música, vídeos: el miedo moderno al silencio
✔️ El silencio se ha vuelto incómodo.
No porque sea malo, sino porque deja espacio para pensamientos que preferimos no escuchar.
✔️ Durante siglos, el silencio fue descanso. Hoy, para muchos, es inquietud.
✔️ Cuando se apaga todo, algo dentro se enciende.
El ruido como compañía emocional
La televisión encendida sin mirar, la música de fondo mientras se cena, los vídeos que se reproducen solos. No siempre buscamos contenido. Muchas veces buscamos presencia.
El ruido ocupa un lugar simbólico. Rellena huecos. Acompaña. Da la sensación de que no estamos del todo solos, incluso cuando lo estamos.
No es distracción. Es contención.
El cerebro frente al silencio
Cuando el entorno se queda quieto, la mente toma el control. Aparecen recuerdos, dudas, preocupaciones, frases que no se dijeron, decisiones que se pospusieron.
El cerebro no descansa con el silencio si no está entrenado para ello. Al contrario, entra en modo revisión. Y no siempre es amable.
Por eso muchas personas prefieren un ruido constante antes que enfrentarse a una conversación interior inesperada.
La era del fondo permanente
Antes el silencio llegaba solo. Ahora hay que buscarlo.
Vivimos rodeados de estímulos que nunca se apagan del todo. Pantallas, notificaciones, sonidos diseñados para no dejarnos solos con nosotros mismos.
El ruido se ha convertido en una extensión emocional del día. Una transición artificial entre la actividad y el descanso.
Apagarlo todo, de golpe, se siente casi violento.
El momento más delicado: la noche
De día, el ruido compite con la acción.
De noche, compite con el pensamiento.
Por eso el silencio nocturno pesa más. Porque no hay tareas que lo amortigüen. Porque el cuerpo se cansa, pero la cabeza no siempre sabe parar.
Encender algo parece una solución sencilla. No para entretenerse, sino para no escuchar demasiado.
Aprender a tolerar el silencio
El silencio no es el enemigo. Es un espacio.
Pero como todo espacio, necesita adaptación.
No se trata de imponerlo, ni de romantizarlo. Se trata de reconciliarse poco a poco con él. De permitir pequeños momentos sin fondo sonoro. Sin miedo. Sin exigencias.
A veces, el ruido no nos protege del pensamiento. Solo lo retrasa.
En el fondo
✔️ Necesitamos ruido porque pensar cansa.
✔️ Porque sentir pesa.
✔️ Porque escucharnos exige más energía de la que creemos tener al final del día.
Pero el silencio, bien llevado, no quita nada.
Devuelve.
Y quizá por eso, cuando llega, nos incomoda tanto.
Buenas noches. Y si hoy dejas el ruido un poco más bajo, que sea con cuidado. 🌙



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