© Cristhian Tirado
Es una pregunta que cala y a veces se queda grabada en nuestra mente, las condiciones por las cuales pensamos y atribuimos a la suerte el hecho de que contamos con “mala suerte” en nuestras experiencias de pareja.
Desde una mirada mas profunda, aquello que determinamos como “suerte” en muchas ocasiones suele ser un discurso simplista que esconde algunas dinámicas “ocultas”, lo que supone azar es en múltiples formas la consecuencia sistemática y coherente de nuestras propias creencias, las cuales son conscientes e inconscientes y también de las lealtades que dirigen nuestras elección, es por ello que escogemos o elegimos desde lo que sentimos como merecido o atraídos, esto no nace del espacio, tiene una relación muy estrecha con nuestro sistema familiar y experiencias personales.
Por tanto, no se trata de que “la vida nos pase” y a nosotros simplemente por cuestiones de “suerte nos “llegan las cosas”. Todo lo que vivimos, las oportunidades que vienen, las que rechazamos o de las que ni siquiera percatamos, están precisamente decantadas por ese filtro, sin darnos cuenta hay un proceso interno que activo los mecanismos para elegir, asumir riesgos, escaparnos un poco de ese guion que heredamos.
Las creencias, las historias silenciadas, el éxito, el fracaso, la pertenencia o el merecimiento influyen drásticamente en las narrativas que sostenemos nosotros mismos, y cuando las cuestionamos “eureka” será muy probable que cambie ese lugar del cual escogemos y en este instante la vida por lo general se moverá de otra forma.
Desde lo anterior, Joan Garriga, respetado psicólogo y terapeuta español, propone 5 condiciones para el buen amor en la pareja citando a: Arnaud Desjardins, discípulo del sabio hindú Swami Prajnanpad, que, si bien no serán un manual exacto, permite que tengamos algunas ideas de aspectos para considerar en la selección y experiencia de pareja.
“La primera condición: es que sea fácil”, el buen amor en pareja “fluye”, no implica grandes gastos de energía y emociones, implica también sentirnos cómodos o cómodas, que no se trate de una lucha constante, de buscar ser algo que no somos para que el “otro” se sienta bien, en ocasiones buscamos personas con las que todo parece “chasquear”, complicarse, las personas se sienten pesadas y constantemente se busca con gran esfuerzo estar “bien” pero también existen otras donde las cosas resultan más sencillas sin tanto drama, se valoran, se ven así mismos, se mueven como una coreografía de baile, en sincronía, sin mayores gastos de energía.
Es importante aclar que ´podemos realizar cambios personales para adaptarnos a las pautas que implican las relaciones, y la gran tarea es poder resolver y ponernos en paz con el pasado, sin embargo, no se trata de hacerlo de maneral radical y del todo, solamente para agradar a los demás, por esto tampoco es necesario siempre, considerando que hay compatibilidad e incompatibilidades que no se pueden pasar por alto.
“La segunda condición es que se trate de dos sistemas no muy distintos”, el arte de poder comprender y ser empático con la otra persona, teniendo aun en cuenta la lucha con nuestro propio ego, como lo menciona el autor, en múltiples ocasiones no dejamos llevar por las mieles del “enamoramoramiento”, “la idealización” nubla la vista, nos hacemos imágenes de ese otro, apoyado en nuestras propias expectativas y deseos, mas nuestros propios vacíos emocionales, incluso puede que las personas se amen de verdad pero no se comprenden mutuamente, existiendo una incompatibilidad que marque la pauta relacional, si bien se requiere que haya diferencia pero del mismo modo, que exista la comprensión, la “complicidad” como la llama el autor. Si a uno le gusta salir a bailar y al otro le gusta caminar, o si ella practica una religión distinta. En ocasiones estas diferencias pueden parecer irreconciliables y la tarea esta en poder manejarlas y desde lo consciente optar por darles un manejo adecuado.
“La tercera condición es que las personas que conforman la pareja sean compañeros de verdad”, que, aunque se enfrenten a los embates del tiempo, la monotonía y otros aspectos a los cuales se desafía la pareja, los puedan asumir en equipo, con un proyecto compartido, por ejemplo, los gustos, singularidades, intereses e incluso las diferencias. Que puedan encontrar en la otra persona, alguien que puede ser un aliado, comprender, apoyar y estar. Esto es muy importante ya que cuando se transita la vida, nos movemos en el dolor y la felicidad, y con ello se acompañan mirando juntos todo lo que resulta de carácter importante para ambos y para cada uno en lo individual.
“La cuarta condición según el filosofo hindú que menciona Garriga es tener fe y confianza en la otra persona”, donde no haya lugar al temor, que la otra persona pueda ser fuente de confianza, donde se pueda edificar y cimentar unas bases de un amor real, maduro, libre de expectativas, mirándonos tal y como somos, confiar es pararnos desde la posición de adultos sin actitudes controladoras,
“Sería más bien algo así como la confianza inocente que un niño pequeño siente hacia su madre, pero en el corazón y el cuerpo de un adulto. Confianza, por tanto, es tener la certeza de que el otro quiere nuestro bien y no nos va a dañar.” Joan Garriga.
Esta parte de la ecuación es vital, ya que cuando compartimos y nos relacionamos con otra persona, desde lo que concierne la pareja, y no tenemos la tranquilidad de que esa persona desea nuestro bien, aparecerán los temores y las ansiedades lo cual constituye un aspecto que impacta en el buen amor, ahora recordemos que toda dinámica relacional también trae incomodidades, aspectos que en ocasiones nos hacen recordar situaciones pasadas con las que nos sentimos identificados, por lo tanto también la pareja puede dañarnos de manera indirecta, o nosotros a ella. Por lo tanto, confiar se basa en que la otra persona sea quien es, pero “buscando nuestro bien” no obstante desde el adulto recordar que también existe la posibilidad de que en algún momento no lo haga, considerando la posibilidad de hacer cara y sobreponernos o en definitiva si va en contra de nosotros mismos, soltar y avanzar, no existen garantías definitivas.
“La quinta condición” pero no menos importante, puede resultar según el autor la más difícil de cumplir, “es el deseo espontaneo de que la otra persona este bien”. En otras palabras, que el “deseo de que la otra persona este bien sea espontaneo” más allá de nuestras imperfecciones, temores, y miedos, en la actualidad vivimos en una gran confusión basada en la adoración al “ego” pero no el ego que nos ayuda a forjar carácter, si no el que pasa por encima de los demás, mas aun cuando existen modelos de desinformación en las redes sociales, el “hombre superior, o la mujer superior” pareciese que todo se tratase de una competencia. Como dicen Joan, cuando vivimos más al servicio del “yo que del tú”, sin tener en cuenta el “nosotros” perdemos el panorama de ver a los demás desde lo consciente y no exclusivamente a través del modo en que proyectamos nuestros ruidos y vacíos en el otro.
“Muchos de nosotros, como niños egoístas, a veces anteponemos nuestro bien al deseo del bien del otro. Por eso, la pareja nos invita inequívocamente a desarrollar generosidad y verdadera consideración hacia el otro” Joan garriga
Si podemos comprender esto y colocarlo al servicio de las relaciones, ese deseo espontaneo de ver la felicidad y el bienestar del otro se vuelve casi personal. La danza de la pareja fluye y el baile rítmico se da sin tantos dramas y desgastes personales, en ultimas considero como muchos autores lo expresan que al final de todo, necesitamos convertirnos en la “pareja” que buscamos en los demás.



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