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La inflación se modera en los indicadores oficiales, pero el coste de la vida no afloja en la calle
Las estadísticas hablan de contención, incluso de cierta normalización, mientras la experiencia diaria cuenta otra historia muy distinta. Para millones de hogares, llenar la nevera, pagar el alquiler o asumir los servicios básicos sigue siendo un ejercicio de resistencia.
El problema no está solo en el nivel de precios, sino en su persistencia. La alimentación ha consolidado subidas que ya no retroceden. Productos básicos que hace unos años se consideraban asequibles hoy obligan a ajustar cantidades, marcas o hábitos. No es una crisis puntual de consumo, sino un cambio forzado en la forma de vivir.
El alquiler se ha convertido en el principal factor de asfixia económica. En muchas ciudades y zonas turísticas, el porcentaje de ingresos destinado a la vivienda supera con creces los umbrales considerados razonables. La oferta escasa y la presión del mercado empujan a miles de personas a aceptar condiciones precarias o a alejarse de sus entornos habituales. Vivir cerca del trabajo, de la familia o de los servicios básicos vuelve a ser un privilegio.
A ello se suman los servicios. Energía, transporte, educación, comunicaciones o seguros mantienen precios elevados que, aunque suban menos que antes, ya se han instalado en niveles difíciles de asumir. La moderación de la inflación no implica una bajada del coste, sino una subida más lenta. Y esa diferencia semántica pesa mucho cuando se llega justo a fin de mes.
El desajuste entre cifras macroeconómicas y realidad cotidiana genera frustración. La percepción de mejora no llega al bolsillo, y eso erosiona la confianza en el discurso institucional. Cuando la economía “va mejor” pero la vida no se vuelve más llevadera, el mensaje pierde credibilidad.
La economía cotidiana no se mide en décimas ni en porcentajes interanuales. Se mide en decisiones pequeñas: qué se compra, qué se aplaza, a qué se renuncia. Y mientras esas renuncias sigan siendo la norma, el malestar seguirá siendo el indicador más fiable del estado real de la economía.
El coste real de la vida
Presión económica percibida en los hogares
Representación visual de la presión económica cotidiana



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