SOS · TERREMOTO EN COLOMBIA
El miedo nos recuerda la vida, SOS terremoto en Colombia
Por Cristhian Tirado
Hay momentos donde la vida nos recuerda lo frágiles que somos y nos detiene sin permiso.
La naturaleza nos enseña en su vasto poder que no tenemos control, un terremoto o cualquier otra catástrofe de este tipo puede cambiar de un día para otro nuestras certezas, nuestras prioridades, y esa sensación de que las personas y todo aquello que amamos seguirá allí mañana.
Cuando ocurrió el terremoto el pasado 10 de agosto, estando lejos mi primer pensamiento no fue sobre las noticias ni los daños materiales, pensé en mis padres y mi hermano, pensé en ellos ya adultos y en avanzada edad, y en la familia de mi hermano mayor, en ese tiempo donde comenzamos a aceptar que la presencia de ellos no es infinita, en las risas, en las bromas, en las tardes de ir a comer, en los “maicitos” que mi madre suele prepararme porque justo ese es su lenguaje del amor.
Pensé en mis amigos, en las personas que conozco, en las calles que recorrí varias veces, en las universidades donde me forme como profesional, en esos pedazos de momentos que llevo en mi cabeza inundados de sensaciones, colores, olores, instantes, en aquellas escenas cotidianas las cuales son parte del pasado y de repente adquirieron un valor enorme.
y es en este punto donde quizá todos sabemos, pero pocas veces realmente sentimos con claridad, esa vida que imaginamos segura, estable, es profunda y realmente frágil…cuando pasamos por situaciones así que implican un dolor y una perdida profunda, la incertidumbre el miedo al querer saber que paso, quienes están bien, que paso con los nuestros, con nuestra familia, nuestros amigos. Llamamos, escribimos, estamos pendientes mas que nunca de nuestro medio prioritario para conectarnos con ellos…
La mente intenta recuperar aquello que esta situación de manera rápida nos quitó, la sensación de control. Frente a un acontecimiento de esta magnitud, amenazante, nuestro sistema nervioso provisto de respuestas rápidas entra en un estado constante de alerta, de crisis, el cerebro comienza a buscar señales de peligro, de hecho, cuando la experiencia ya término.
Es por lo anterior que después de una experiencia así, aparece el miedo, acompañado de ansiedad, problemas de sueño, sobresaltos, hipervigilancia, necesidad de consumir información y mas en redes, al igual que los pensamientos recurrentes, o ideas que son rumiantes una y otra vez. Esto no significa que estemos perdiendo el control, la respuesta es normal ante un organismo que busca autoprotegerse como medida de respuesta adaptativa, y entonces el obligarnos a “estar bien” demasiado rápido puede conllevar a generar algún tipo de problema en nosotros mismos, todos no funcionamos de la misma manera. Hay experiencias que requieren ser reconocidas para poder elaborarse de manera adecuada.
El miedo nos habla, nos muestra lo humano, no recuerda lo frágiles que somos, pero también nos habla de manera directa de los vínculos, de lo que nos importa, de lo que creemos perder, tememos perder a nuestros padres porque su existencia representa un papel y un rol fundamental en al surgimiento de nuestra historia. Tememos perder a nuestros amigos por que estamos dentro de una red de relaciones que sirve también de sostén y soporte.
Quizá por eso la tragedia trae algo que no es del todo negativa, una experiencia muy particular y distinta en cada uno, de repente dejamos de pensar solo en el “yo” y recordamos que nuestra vida esta conectada con otras muchas vidas y es aquí donde ver nuestra realidad desde lo sistémico cobra aun mayor importancia, pertenecemos a grandes sistemas, no estamos aislados, la familia, los amigos, la comunidad, el territorio, nuestra cultura, nuestra identidad, cuando algo amenaza a ese gran conglomerado de dinámicas, a ese gran sistema, algo dentro de nosotros se mueve y cuando le sumas a eso “estar lejos” quieres estar allí, abrazar, ayudar, y poder comprobar con tus propios ojos y a tu misma manera que las personas que amas están bien. Pero no siempre se puede y nace otra sensación la “Impotencia” querer convertir aquello que sientes en una acción que sirva para calmar tus pensamientos, pero ojo no todo lo que sentimos necesariamente necesita convertirse en una acción.
Necesitamos aceptar que no podemos controlar lo que haya pasado y con ello podemos preguntar, acompañar, llamar, ofrecer ayuda en nuestras capacidades, pero también es vital comprender que tenemos limites, y aceptar lo que pasa no es lo mismo que resignarse, cuando podemos ver esta delgada línea, estaremos en capacidad de transformar aquello que de momento solo podemos afrontar,
¡Que hacer ante una experiencia así?
No se trata de eliminar el miedo, ya que es una respuesta biológica natural, no se trata de eliminar la emoción, se trata de poder atravesar sin permitir que domine toda nuestra realidad.
1. Es vital volver al presente
Viajamos en nuestra mente a escenarios futuros:
¿Y si pasa de nuevo?
¿Y si esta vez pasa algo con mi familia?
¿Y si pierdo a alguien?
¿Y si esta vez pasa algo con mi familia?
¿Y si pierdo a alguien?
En ocasiones sufrimos mas por lo que imaginamos que por lo que en realidad pasó
Pregúntate ¿Qué pasa ahora?, ¿estoy a salvo?, ¿Que requiero hacer ahora?
Vivir el momento presente como lo dice Eckhart Tolle en su libro el poder del ahora, no nos quitara la incertidumbre, pero nos regresara un espacio en nuestro territorio psicológico donde podamos obrar distinto.
2. necesitamos regular nuestro cuerpo para poder tranquilizar nuestros pensamientos
Respirar lentamente, sentirnos, observar, escuchar y enfocar la atención en estos sentidos, tomar un poco de agua, dormir bien si es posible, caminar, con ello le decimos a nuestro sistema nervioso, “estoy aquí”
3. Hallar conexiones
Recurrentemente después de una experiencia traumática nos aislamos, con ello el miedo se intensifica, es por ello que es importante: hablar con alguien, escuchar sin buscar soluciones siempre, expresar emociones decir “tengo miedo”, “siento preocupación”, “necesito hablar”, entre otras cosas, al hablar con otros estas conexiones funcionan como reguladores, a veces solo necesitamos que las personas se sientan acompañadas sin tantas explicaciones, nada más.
4. Poco a poco recuperar lo cotidiano
Las acciones cotidianas que hacemos pueden convertirse en anclas, como preparar un café, el desayuno, montar bicicleta, trabajar, caminar, hablar con la familia, paso a paso retomar las actividades, no para olvidar lo que pasó, si no para decirle a nuestra propia mente que la vida sigue, las rutinas después de una crisis pueden ayudar sistemáticamente a reconstruirnos.
5. Resignificar el miedo en autocuidado
Sabemos que no podemos cambiar el pasado, pero si responder de una manera distinta a esa experiencia. Optamos poder decidir cómo vivir mientras seguimos en esta experiencia que llamamos “vida”, llama más, abraza más, di las veces que quieras “te quiero”, visita mas a tus seres queridos, cuida a tus amistades, no postergues nada, ve a ese restaurante que siempre has querido, deja de postergar conversaciones importantes, pero sobre todo agradece estar presente.
La vida en momentos también nos muestra desde el dolor aquello que los días “normales” nos hacen olvidar
Que nuestros padres no son eternos
Que nuestros amigos, cuando son verdaderos amigos, aunque a veces estemos lejos estarán
Que nuestros lugares cambian
Que la vida no la tenemos controlada al 100%
Que postergamos la felicidad
Y que damos por hecho que muchas veces necesitamos perder algo para descubrir su valor, ya que es mas importante aprender a mirar estas cosas mientras aun las tenemos.
Que nuestros amigos, cuando son verdaderos amigos, aunque a veces estemos lejos estarán
Que nuestros lugares cambian
Que la vida no la tenemos controlada al 100%
Que postergamos la felicidad
Y que damos por hecho que muchas veces necesitamos perder algo para descubrir su valor, ya que es mas importante aprender a mirar estas cosas mientras aun las tenemos.
Dedico este articulo a mi familia en Pereira y a las demás regiones de mi país que sufrieron el embate del terremoto, a mis amigos y todas las personas que están ayudando de nuevo a reconstruir no solo edificaciones si no también vidas a través del servicio, a los que quedamos y a los que se fueron y no estarán para navidad…un fraterno abrazo.
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