LUZ DE LUNA.

Hoy, al principio del verano, he querido narrar un recuerdo que nunca existió, pero que si hubiera ocurrido sería un sentido e ilusionado cuento que protagonizan el amor y el verano, Mi luna mucho tendría que decir.
Una parte del poema de Federico García Lorca abre nuestra Luz de Luna y con apenas 8 versos dejo dicho…
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Ayer noche, “sa revetl.la de Sant Joan” cumplió con la luna en su faceta más casquivana y veleta dejándose querer por el calor de un estío que acaba de empezar. La arena de aquella playa estaba otra vez esperando que la llamáramos en un grito sin romper aquel silencio esculpido entre el agua y el sueño que cada año viene a recordar la escena de amor por alguien vivida.
Madre, ¡qué calor durante el día!
Madre, ¡qué belleza de aquella luz de la luna!
Madre, ¡qué momentos acariciando el silencio!
Madre, ¡qué suave el murmullo del agua besando la arena!
Madre, ¡qué la noche permita pasear a los sueños!
Y aquel sol que rompió las tinieblas de la madrugada, poco a poco va apagando su esfuerzo por calentar los cuerpos expuestos a dorar sus pieles. Y bajo la sombrilla reparadora de tanto castigo, volvió a verse el azul del mar en los ojos de aquella mujer que parsimoniosa dejaban al descubierto la belleza escondida en los cristales de color para proteger su encanto.
Quise volver a mirarla, pero mi semblante se había refugiado en una vista lejana. Y no me atreví a volver a posar mis ojos en aquellos azul mar de los que me estaba embriagando.
La luz del fuego prendido en una pequeña fogata, dio rienda suelta a pensamientos y recuerdos que por corresponderse con un tiempo pasado brotó suavemente en el entorno de la noche. La luna, unos ojos azul mar y el fuego, pudiera haber sido la base de una historia que hubiera sido muy bella.
Aquella luz con la que me envolvió la luna, me encargó un rasgo de vida que no fue más allá, por más que lo esperaba. Oí algunos pasos muy cercanos y una canción que por conocIda, la escuche con mucha atención. No hubo más, el recuerdo de aquella noche de la antesala del 24 de junio en que la misma noche se había apoderado del tiempo y exigía que la Luna sí dejara para un más allá la luz con la que nos abrazamos tú tachonando el firmamento y yo con una lágrima que se había perdido de aquel lagrimar del adios.
No volví a verla jamás, por más que cada 23 de Junio de todos los años desde aquel entonces al anochecer, recorro la orilla de la playa arrastrando los pies por una carga pesada.
De pronto detuve mi pasear porque mi luna, la que me envía cada noche el rayo de luz que cobija mis pensamientos, lució como nunca sobre el mar en calma, y una vez más me iluminó sin lucir mensaje alguno. ¿Porqué tenía que enviármelo, si yo ya lo tenía por sabido?
Es la ventaja de vivir en una tierra que es capaz de acoger los más especiales sentimientos sin esperar nada a cambio. Aunque, bien mirado, esa Luna sí que esperaba cada noche recibir algo a cambio: Una mirada dulce y una leve sonrisa de complicidad.
La luna es una mujer
Y por eso el sol de España
Anda que bebe los vientos
Por si la luna le engaña,…
Porque en cada anochecer
Después de que el sol se apaga
Sale la luna a la calle
Con andares de gitana
Cuando la luna sale, sale de noche
Y un amante la espera junto a la reja
Luna, luna de España cascabelera
Luna de ojos azules, cara morena
Y se oye a cada paso
La voz de un hombre
Que a la luna que pasa
Le da sus quejas
Luna, luna de España, cascabelera
Luna de ojos azules, cara morena
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