Recuerdos que huelen y saben a tradición
Ayer, mientras escribía acerca de una reciente experiencia en Inca, me llegó la noticia de un incendio que estaba teniendo lugar en una zona agrícola de dicha localidad. Hoy, cuando compruebo por los medios que todo está apagado y bajo control, continúo con mis meditaciones acerca de instituciones y eventos varios. En esta ocasión a propósito de la visita que hice hace unos días a la población de Inca acompañada de una amplia representación de la RAECY de Baleares.
La RAECY (Real Asamblea Española de Capitanes de Yates) fue fundada en Barcelona en 1964 y, desde entonces, ha colaborado en múltiples acontecimientos relacionados con la vida del mar como la puesta en marcha de la "Cruz Roja del Mar", la publicación de la "Guía Náutica Turística y Deportiva de España" (declarada de interés turístico nacional) o la creación del Centro de Formación Náutico.
También ha favorecido, en coordinación con la Armada Española, diversos programas como el "Bautismo del Mar", la concesión del Sextante Anual al número uno de la Escuela Naval de Marín, o la posibilidad de realizar, en el buque escuela Juan Sebastián de Elcano, la travesía Marín - Cádiz en la segunda quincena del mes de julio.
Durante mi estancia en Palma de Mallorca, a lo largo de estos cuatro años que finalizarán el próximo 22 de julio, he tenido el placer y la suerte de tratar con miembros de muchas instituciones y asociaciones. Una de ellas ha sido, precisamente, la RAECY balear y fue con algunos de sus miembros, cuando el pasado 29 de mayo, disfruté de una interesante visita a dos hitos de la industria mallorquina: la fábrica Lottusse de calzado y la mítica fábrica de galletas Quely.
En la primera de las visitas, tras ser recibidos amablemente por Catalina Fluxá y por una primera bocanada del inconfundible aroma a "zapatería de las de antes", comprobamos todo el proceso, prácticamente manual, por el que pasa la realización de un calzado de absoluta calidad: desde la elección del cuero (cada vez más difícil de conseguir) hasta la estampación en sus productos del logotipo de una marca arraigada en España desde 1877.
El mimo con el que se cortan, se cosen, se adaptan piezas, se pegan elementos, se lija y se bruñe cada uno de los zapatos, botines o botas que a diario pasan por su cadena de producción nos dejaron boquiabiertos a un grupo de alrededor de 15 amigos que, tras finalizar el recorrido, nos dirigimos a la fábrica de galletas Quely, donde nos recibió un agradable aroma a horno de pan y una empleada encantadora llamada María del Mar.
María del Mar nos habló de los inicios de la actividad de la factoría y de su relación con la fabricación de panecillos para el sustento de los marinos que, antaño, debían pasar meses embarcados. Uno de los hornos dedicados a esta actividad fue el horno Can Guixe, que perteneció a la familia Domenech desde el siglo XIX.
Fue en 1934 cuando Jaime Domenech Borrás adquirió un pequeño solar frente a la estación de ferrocarril de Inca, ubicación donde hoy permanecen las instalaciones de esta fábrica que en 1940 introdujo la producción en línea continuada y que en los años sesenta dio lugar al nacimiento de la marca Quely como homenaje a la princesa Gracia de Mónaco.
Pisar el suelo de la emblemática nave donde todavía se fabrican aquellas galletas saladas que por primera vez probé, hace cuarenta y cinco años, untadas de una sobrasada casera que compraba en el colmado de Amparito, situado entre el Paseo de Mallorca y la calle Mateo Obrador, fue como trasladarme a un mundo donde el presente y el pasado tenían un punto en común con olor y sabor a un pan que ya empiezo a ver en supermercados de la península y que ya forma parte no sólo del patrimonio gastronómico de las Baleares sino también de mi rutina para cenar. Si a todo ello le añadimos la amabilidad con la que María del Mar y Paula nos trataron, añadiremos buenas dosis de agrado y simpatía a la harina, al agua y al aceite de oliva que forman parte de la base de la mayoría de los productos Quely.
Hoy, desde un escritorio que no me pertenece, pero que tiene vistas al mar, escribo estas letras casi a la hora del aperitivo por si se animan a brindar conmigo, con vermut y unas quelytas por estos productos tan de aquí y que espero sigan siendo testigos de nuestra historia.
Gracias de corazón a la dirección de ambas fábricas por facilitarnos la visita y gracias a Jesús Coll y a toda la RAECY BALEAR por haber permitido que los acompañara.
Sonia Mª Saavedra de Santiago
Palma de Mallorca, junio de 2026
☆ haz clic en las estrellas ☆



1 Comentarios
Me encantó Gracias Sonia Saavedra
ResponderEliminarSaludos desde Buenos Aires Argentina
Gracias por dejar su comentario en Planeta Latino Baleares. No dude en dirigirse a nuestro equipo de redacción para cualquier sugerencia u observación. Comentarios ofensivos serán borrados y el usuario bloqueado. Planeta Latino Baleares no se hace responsable de los comentarios publicados por los lectores.