Nunca ha habido una generación tan preparada y, al mismo tiempo, tan insegura de sí misma.
Por Carmen Forte Donoso.
Psicóloga forense.
Actualmente, la mayoría de jóvenes cuentan con estudios universitarios, en muchos casos incluso con más de una carrera, además de idiomas, formación de postgrado, conocimientos en herramientas digitales, y numerosas formaciones complementarias. A esto se suman prácticas profesionales, asistencia a conferencias y una necesidad constante de seguir formándose para mantenerse competitivos dentro del mercado laboral.
Sin embargo, pese a esta acumulación de formación y experiencia, la sensación de no estar suficientemente preparado continúa siendo constante. Muchos jóvenes viven con la percepción de no estar a la altura de las expectativas profesionales, incluso cuando existen evidencias objetivas de su capacidad.
“Muchos jóvenes viven con la percepción de no estar a la altura de las expectativas profesionales, incluso cuando existen evidencias objetivas de su capacidad.”
En este contexto, resulta inevitable hablar del Síndrome del Impostor (SI), definido como la presencia de sentimientos persistentes de duda y miedo a ser descubierto como un fraude, a pesar de contar con logros y competencias demostrables (Clance & Imes, 1978).
Numerosos estudios han relacionado este fenómeno con factores como la autoexigencia, el perfeccionismo, la baja autoestima, la ansiedad, la depresión o la falta de apoyo social (Albaladejo et al., 2004; Arias et al., 2024; Chrisman, Pieper, Clance, Holland y Glickauf, 1995). Sin embargo, limitar el SI únicamente a variables individuales puede resultar insuficiente si se ignora el contexto laboral y educativo actual. Quizás también sea necesario plantear otra cuestión: ¿hasta qué punto esta sensación de insuficiencia no es únicamente un problema individual, sino que también puede ser resultado de una cultura de hiperformación, competencia masiva y exigencia permanente, donde incluso los puestos junior demandan experiencia previa y una preparación cada vez más extensa?
En un mercado donde los títulos universitarios han dejado de ser diferenciales, los jóvenes se ven impulsados a acumular másteres, idiomas, certificaciones y competencias digitales en un intento constante por destacar. No obstante, cuanto mayor parece ser la preparación, mayor es también la percepción de insuficiencia, puesto que cuanto más preparado está alguien más consciente es de lo que no sabe y de lo que los otros hacen mejor, idea reflejada en la célebre frase atribuida a Sócrates “sólo sé que no sé nada”.
Esta sensación de insuficiencia aparece incluso antes de incorporarse al mercado de trabajo, pues es en la etapa universitaria donde las decisiones académicas se empiezan a percibir como determinantes para el futuro, donde muchos estudiantes comienzan a cuestionarse sus capacidades al enfrentarse a la aplicación práctica de sus conocimientos y a la cercanía de la vida laboral. Además, la exposición continua a exigencias académicas y elevados estándares de rendimiento puede generar altos niveles de ansiedad, llegando incluso a afectar negativamente al desempeño y a la confianza personal (Fraenza, 2016).
Esta sensación de incapacidad suele intensificarse durante las primeras experiencias profesionales y en profesiones especialmente exigentes, como es en el ámbito sanitario, donde la elevada carga de trabajo, la presión constante y la necesidad de tomar decisiones importantes generan altos niveles de estrés y ansiedad (Mullangi & Jagsi, 2019).
A esta situación de sobrecualificación y competencia masiva se suma además la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA), pues ya no solo se compite con otras personas más preparadas, sino con herramientas capaces de: escribir, analizar, traducir, programar, diseñar y resolver problemas. La IA se ha convertido rápidamente en una herramienta cotidiana sobre la que delegar numerosas tareas, siendo en muchas ocasiones de gran utilidad para agilizar trabajo, sin embargo, cabe plantearse ¿cómo de competente soy sin ella?.
“¿Cómo de competente soy sin ella?”
Cubillos et al. (2025) señalaron que el uso cada vez más frecuente de la IA puede disminuir el esfuerzo cognitivo dedicado a las tareas, dificultando así la posibilidad de alcanzar un aprendizaje significativo. Cuando determinadas actividades se delegan constantemente en estas herramientas, puede reducirse el sentimiento de autoría y control sobre el trabajo realizado, favoreciendo la aparición de pensamientos relacionados con el síndrome del impostor. En esta línea, Zhao y He (2024) identificaron una relación positiva entre el uso frecuente de la IA y la presencia de pensamientos impostores, los cuales repercuten directamente en la experiencia académica, la trayectoria profesional y la salud mental de los estudiantes.
En suma, aunque el síndrome del impostor se encuentra influido por factores individuales, el contexto educativo y laboral actual parece haber intensificado este fenómeno en muchos jóvenes. La cultura de la productividad, la sobrecualificación y la irrupción de la inteligencia artificial han construido un escenario donde nunca antes había existido una generación tan preparada y con tantas herramientas a su alcance, y al mismo tiempo tan insegura de su propio valor y capacidad.
Fuentes y referencias
Albaladejo, R., Villanueva, R., Ortega, P., Astasio, P., Calle, M., & Domínguez, V. (2004). Síndrome de burnout en el personal de enfermería de un hospital de Madrid. Rev. Esp. Salud Pública, 78, [pp. 4–6].
Arias, D. a. D., & Basto, D. C. V. (2024). Relación entre el síndrome de burnout, ansiedad y depresión en trabajadores de la salud de un hospital de alta complejidad en Cúcuta. Revista De La Escuela Nacional De Salud Pública, 42.
https://doi.org/10.17533/udea.rfnsp.e353571
Chrisman, S.M., Pieper, W.A., Clance, RR., HoUand, C.L., y Glickauf-Hughes, C. (1995). Validation of the Clance Impostor Phenomenon scale. Journal of Personality Assessment, 65, 456–467.
Clance, P. R., Ph. D., Imes, S. A., & Georgia Slate University. (1978). The Impostor Phenomenon In High Achieving Women: Dynamics And Therapeutic Intervention. In Psychotherapy: Theory, Research and practice (Vol. 15, Issue 3).
https://mpowir.org/wp-content/uploads/2010/02/Download-IP-in-High-Achieving-Women.pdf
Cubillos, C., Mellado, R., Cabrera-Paniagua, D. y Urra, E. (2025). Generative artificial intelligence in computer programming: Does it enhance learning, motivation, and the learning environment? IEEE Access, 13.
https://doi.org/10.1109/ACCESS.2025.3532883
Fraenza, C. (2016). The Role of Social Influence in Anxiety and the Imposter Phenomenon. 20 (2), 1–14.
https://files.eric.ed.gov/fulltext/EJ1105971.pdf
Mullangi, S., & Jagsi, R. (2019). Imposter Syndrome: Treat the Cause, Not the Symptom. JAMA, 322(5), 403–404.
https://doi.org/10.1001/jama.2019.9788
Zhao, P. y He, G. (2024). The impostor phenomenon of workplace artificial intelligence augmentation. Academy of Management Proceedings, 2024(1).
https://doi.org/10.5465/AMPROC.2024.148bp
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