( IV )
POSIBLE MISIÓN EN UN MUNDO PLURAL: EVANGELIZAR SIN IMPONER
© Rafel Calle
La Iglesia Católica desarrolla hoy su misión en un contexto profundamente distinto al de hace apenas unas décadas. Durante siglos, el cristianismo formó parte del paisaje cultural compartido en gran parte de Occidente. Hoy ese suelo común ha desaparecido: la fe convive con múltiples visiones del mundo que compiten —y dialogan— en igualdad de condiciones.
Este cambio altera la lógica de la evangelización. Ya no se trata de reafirmar certezas en un entorno que las da por supuestas, sino de proponer sentido en una sociedad marcada por la diversidad de creencias, valores y estilos de vida. La Iglesia se mueve en un espacio plural donde su mensaje es una voz más, llamada a dialogar antes que a imponerse.
Evangelizar en este contexto implica comprender el lenguaje cultural contemporáneo. Muchas personas no rechazan necesariamente la espiritualidad, pero sí desconfían de discursos que perciben como lejanos o cerrados. Traducir el mensaje cristiano a categorías comprensibles no significa diluirlo, sino hacerlo inteligible para quienes viven en marcos simbólicos distintos.
La pluralidad también exige una actitud de escucha. El diálogo interreligioso, la conversación con el pensamiento laico y la presencia en debates sociales forman parte de la misión actual. No como estrategia defensiva, sino como reconocimiento de que la fe se expresa y se enriquece en contacto con otras perspectivas.
Otro desafío es el entorno digital. La comunicación contemporánea es inmediata, emocional y fragmentada. En ese ecosistema, la Iglesia compite con narrativas rápidas que simplifican o polarizan. Habitar ese espacio requiere aprender nuevas formas de presencia: cercanas, pedagógicas y coherentes, capaces de transmitir profundidad sin perder claridad.
En el fondo, la evangelización hoy no puede apoyarse en la autoridad heredada, sino en la capacidad de generar encuentro. Más que convencer, se trata de proponer; más que defender posiciones, de mostrar caminos. El mensaje cristiano, para ser escuchado, necesita encarnarse en experiencias concretas de comunidad, servicio y sentido.
La misión en un mundo plural no consiste en recuperar centralidad cultural, sino en ofrecer una presencia significativa. Una Iglesia que dialoga, que escucha y que se deja interpelar no renuncia a su identidad: la ejercita en un terreno más exigente y, precisamente por eso, más fértil.




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