Cuando sientes que te pierdes y empiezas a encontrarte
Por Lina Londoño
Hay un momento en la vida en el que algo cambia… pero no sabes exactamente qué. Llevo muchos años de mi vida ocupándome de mi desarrollo personal, y es ahora cuando he comenzado un nuevo descubrimiento que me ha permitido una transformación tan intensa y particular que intentaré explicar con palabras.
No es un quiebre dramático como los que vemos en las películas. Nadie te deja, no pierdes el trabajo, no pasa “algo grande”. Y, sin embargo, por dentro todo se siente distinto, y en el fondo sabes que tampoco nada volverá a ser igual.
A mí me empezó a pasar hace un tiempo.
Me di cuenta de que ya no me dolían cosas que antes sentía tan intensas. Situaciones, personas, incluso sueños que en otro momento habrían sido mi motor, simplemente dejaron de tener importancia.
Y pensé: “Qué bien, estoy sanando”. ¿Y cómo no pensarlo, si estamos en la era en la que todo lo tenemos que sanar, como si estuviéramos enfermos o rotos eternamente? Y yo no soy la excepción, aunque, para ser honesta, hasta eso ha estado cambiando… pero será tema para otro artículo.
Así que luego vino otro sentir más extraño aún, ya que tampoco me emocionaban las cosas que antes me encendían. Lo que antes me ilusionaba ahora me dejaba más bien indiferente. Era como estar en un punto neutro. Ni arriba ni abajo. Ni triste, ni realmente feliz. Solo… sentirme “en pausa”.
¿Te ha pasado?
Es una sensación difícil de explicar. Porque desde afuera tu vida sigue “normal”. Cumples, haces lo que tienes que hacer, incluso sonríes. Pero por dentro hay una especie de silencio y de vacío extraño.
En mi caso, empecé a notar pequeños cambios. Cosas sutiles, pero muy reveladoras.
Reaccionaba distinto o no reaccionaba.
▶ Mis pensamientos eran más livianos.
▶ Callaba donde antes discutía.
▶ Y hablaba donde antes me escondía.
Y aunque eso podría parecer evolución —y probablemente lo es— también venía acompañado de una sensación incómoda: no sabía bien quién estaba siendo.
Un día alguien me hizo una pregunta simple: “¿Cómo te definirías hoy?” Y me quedé en blanco.
Antes habría tenido una respuesta clara. Podía decir quién era, qué hacía, qué quería. Tenía etiquetas que me daban cierta seguridad. Siempre me he caracterizado por tenerlo todo claro… ah, y por supuesto, bajo control.
Pero en ese momento… nada encajaba. Sentía una verdad incómoda dentro de mí que, a la vez, me daba paz y libertad.
No podía volver a decir lo de antes, porque ya no lo sentía como mi verdad. Pero tampoco podía afirmar lo nuevo, porque todavía no lo sentía sólido, ni mucho menos sabía como explicarlo.
Y ahí entendí algo: hay etapas en la vida en las que dejamos de ser quienes éramos… pero aún no somos nuestra nueva identidad. Y en ese intervalo, en ese vacío, nadie nos enseña a transitarlo. Porque nos hablan de cerrar etapas y de los nuevos comienzos, pero nadie habla de que hay en el medio.
Y ese espacio intermedio es profundamente incómodo. Es como vivir en un borrador. Nada es definitivo. Todo es una posibilidad y tiene tantos matices… donde puedes volver a elegir quién ser, qué creer, cuáles son tus prioridades. Y lo mejor que puedes hacer es no presionarte por avanzar, solo respirar y dejarte sentir.
Porque es allí cuando comienzas a probar formas de estar en el mundo:
▶ Cómo te relacionas.
▶ Qué permites.
▶ Qué ya no toleras.
▶ Qué te gusta ahora… y qué ya no.
Es casi como probarte ropa en una tienda, pero en lugar de ropa, te estás probando versiones de ti misma.
▶ Algunas te quedan grandes.
▶ Otras te aprietan.
▶ Otras simplemente ya no te representan.
Durante mucho tiempo, yo también caí en la trampa de querer definirme rápido. De cerrar etapas, de ponerle nombre a todo, de construir una nueva versión “mejorada” de mí.
Sin embargo, con todo esto que estoy viviendo, algo dentro de mí empezó a resistirse a eso. Y entendí que quizás no se trataba de convertirme rápidamente en alguien nuevo, sino de quedarme el tiempo suficiente en ese espacio incómodo para escuchar lo que realmente estaba emergiendo: una nueva yo más real, más auténtica y más conectada desde el corazón.
Porque cuando dejas de aferrarte a lo que eras… y también dejas de correr desesperadamente hacia lo que crees que deberías ser… pasa algo muy interesante. Empieza a aparecer lo real.
Lo que eres cuando nadie te está mirando. Cuando no estás intentando encajar. Cuando no estás cumpliendo expectativas. Cuando no tienes que aparentar. ¡Simplemente eres!
Y eso no siempre es bonito, ni fácil, ni aceptado socialmente. Incluso me atrevo a decir que es confuso, contradictorio y da mucho miedo. Porque ya no tienes las viejas certezas, pero tampoco nuevas seguridades. Sin embargo, hay algo que se siente profundamente liberador en ese espacio.
Es como si, por primera vez en mucho tiempo, dejaras de actuar con el piloto automático. Dejas de responder desde el personaje que habías construido… y empiezas, poco a poco, a responder desde algo más auténtico, imperfecto, aún en construcción, pero real.
Y aquí es donde quiero retarte un poco.
Porque sé que, si estás en este punto, puede ser tentador querer salir rápido. Buscar respuestas, tomar decisiones apresuradas, llenar el vacío con cualquier cosa que te devuelva la sensación de control.
Pero… ¿y si no tienes que salir de ahí todavía?
¿Y si este “no saber” no es un error… sino una oportunidad?
De reconocerte sin máscaras, de redefinirte desde un lugar más consciente, de construir una vida que no solo “funcione”, sino que también se sienta alineada contigo.
Así que, si hoy te sientes en ese punto medio, donde ya no eres quien eras, pero tampoco sabes bien quién estás siendo… no te apresures a etiquetarte.
Date permiso de estar en borrador, de probar, de equivocarte, de sentirte extraña incluso contigo misma. Porque tal vez no hay una versión final a la que llegar.
Tal vez la vida no se trata de convertirte en alguien, o ser una mejor versión de ti, o encontrar un propósito de vida definitivo, sino de aprender a habitarte con más verdad en cada etapa.
Y sí, eso implica incomodidad.
Pero también implica libertad.
Quiero dejarte con una pregunta —de esas que no se responden rápido, sino que se mastican con el tiempo—:
Si dejaras de intentar ser quien eras… y también de forzarte a ser alguien nuevo… ¿qué quedaría de ti?
Si esto resonó contigo, me encantaría leerte.
Cuéntame: ¿estás en ese momento de tu vida donde todo se siente como un borrador? ¿Qué es lo que más te está costando soltar? ¿Y qué sientes que todavía no te atreves a ser?
Te leo. Porque a veces, ponerlo en palabras, es parte del proceso.

0 Comentarios
Gracias por dejar su comentario en Planeta Latino Baleares. No dude en dirigirse a nuestro equipo de redacción para cualquier sugerencia u observación. Comentarios ofensivos serán borrados y el usuario bloqueado. Planeta Latino Baleares no se hace responsable de los comentarios publicados por los lectores.